
lavozdegalicia.es · Feb 18, 2026 · Collected from GDELT
Published: 20260218T044500Z
Jordi Varela, m�dico y gestor. El especialista, que ha dirigido tres hospitales catalanes, explica que el acceso universal al sistema sanitario es m�s econ�mico que otros modelos 18 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h. Jordi Varela (Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, 1952) es m�dico. Durante casi veinte a�os, ha dirigido tres mastodontes de la red sanitaria p�blica catalana: el Hospital de Puigcerd�, el Hospital del Mar y el Hospital Sant Pau. Tambi�n fue consultor y profesor de gesti�n cl�nica en Esade y en la Universidad Aut�noma de Barcelona (UAB). Firme defensor del di�logo entre la atenci�n primaria y el hospital,�Varela explica�la mayor�a de los avances que han llevado a nuestra supervivencia como especie. Los explica en su nuevo libro De vulnerables a poderosos (Lectio Ediciones, 2026). —�Por qu� ser pobres hace que vivamos menos?—Es uno de los determinantes m�s importantes de todos en relaci�n a la salud. Tiene que ver con un conjunto de factores, como la alimentaci�n, la higiene o las posibilidades de �xito social, entre otros, que acaban influyendo en la mortalidad de las personas y en la calidad de vida. Esto es as�. Es un elemento clave en la historia de la sociedad. El factor social no es lo �nico, aunque s� el m�s importante. Tambi�n est� el tema cultural ligado o no la pobreza. Los determinantes sociales tienen un peso sobre la salud de las poblaciones, es un n�mero muy redondo, seg�n los estudios, pero hay una unanimidad en que todo esto influye en un 75 %. La medicina influye en la salud de los pueblos y de las personas en un 25 %, que es mucho, pero estar�amos muy atrasados solo con la medicina. Estados Unidos es un ejemplo. Es un pa�s en el cual vemos los mejores hospitales del mundo, los mejores cient�ficos del mundo y el peor sistema sanitario del mundo. Seg�n la OCDE, gasta el doble en sanidad, per c�pita ajustado, que por ejemplo, Canad�, que est� al lado. Sin embargo, tiene una esperanza de vida inferior. Pues ah� hay claramente un elemento cultural de valores. Espa�a es un pa�s muy avanzado en el sentido de la solidaridad. En cambio, pa�ses de tipo muy liberal, donde la libertad y el �xito personal son lo primero, est�n peor en este sentido. Los propios estadounidenses te lo dicen: que por qu� van a tener que pagar el c�ncer de pulm�n del que fuma. El individualismo, el narcisismo, empeora la salud de la poblaci�n. —En el libro profundiza en que, en general, existen dos modelos sanitarios. Uno sale peor parado que el otro.—Los sistemas de salud del tipo del Sistema Nacional de Salud, como Reino Unido, o Espa�a, no son sistemas que haya en muchos sitios. Estamos nosotros, los ingleses, los escandinavos, Italia, Portugal y no muchos m�s. Son sistemas en los cuales los ciudadanos pagan impuestos, seg�n sus ingresos, y reciben servicios en funci�n de sus necesidades. No es perfecto, lo vemos, por ejemplo, con las listas de espera, pero es el m�s ecu�nime. En cambio, los sistemas privados, y voy a hablar de Estados Unidos —porque insisto, es el m�s radical, pero tambi�n los hay privados h�bridos, mixtos, como Alemania— es como un banco de pruebas y los resultados son muy malos. Es decir, gastan mucho, sobre todo, en servicios sanitarios excesivos, y tienen unos resultados sobre la salud de la poblaci�n muy malos. De hecho, tener acceso universal a los servicios de salud mejora no solo la salud de la poblaci�n, sino que es m�s econ�mico. —�De qu� manera?—El hecho de que ellos piensen que no quieren pagar el c�ncer de pulm�n del vecino, independientemente de que sea justo o injusto, es caro. Te pongo un ejemplo. Cuando un inmigrante no tiene acceso al sistema pero es diab�tico, al final, se acaba atendiendo con distintas ayudas. �Cu�l es el problema? Que se hace cuando hay complicaciones. Es decir, atender la diabetes de manera comunitaria y preventiva no solo es m�s saludable, sino tambi�n econ�mico, que hacerlo cuando salta la crisis, y aparece la complicaci�n en forma de trasplante renal. Por otro lado, las personas que pagan el seguro consumen servicios sanitarios como si no hubiera un ma�ana. Te pongo un ejemplo muy exagerado: se pueden hacer un TAC a la semana para confirmar que siguen bien. Este exceso es tambi�n lo que pasa en Estados Unidos. Hacen cosas innecesarias. —Dice en su libro que poco importa llenar un pa�s de hospitales si no nos preocupamos de otras cosas. �Como cu�les? —Imag�nate que queremos hacer un proyecto de mejorar la salud p�blica de pa�ses africanos. A nadie se le ocurrir� construir hospitales si no hay garant�as sanitarias higi�nicas o de que el agua sea potable. Los elementos b�sicos de la salud p�blica son elementos que tienen un gran impacto en la poblaci�n. Por supuesto que los hospitales son �tiles, pero son una fracci�n del sistema que mejora la salud cuando tenemos problemas. En cambio, si vivo en una chabola sin agua potable es muy dif�cil que me vaya a ayudar. —�C�mo era la alimentaci�n en el pasado y c�mo condicionaba las enfermedades?—Si nos remontamos cuatro generaciones atr�s, en el siglo XIX, la poblaci�n pasaba hambre. La alimentaci�n era muy injusta, la agricultura produc�a lo que produc�a, no era industrializada como ahora y por lo tanto estaba expuesta a plagas, epidemias, sequ�as o incendios. El t�tulo del libro, De vulnerables a poderosos, viene a decir que nosotros somos una especie que, como todas las que hay en el planeta, vivimos hist�ricamente en la precariedad. El resto se alimentan cuando pueden, y tienen que criar muchos hijos porque saben que muchos se van a morir. La humanidad era as�. Piensa que el ratio de fertilidad de la mujer hist�rico, ancestral, era de seis a siete hijos nacidos vivos, sin contar abortos, por ejemplo. Pero sab�an que la mitad o m�s se iban a morir antes del a�o. Sin embargo, hab�a un peque��simo grupo de se�ores feudales, de ricos, que ten�an enfermedades como la gota, o ataques del coraz�n, de todo lo que com�an. Esto era la humanidad hasta principios del siglo XX, donde hubo unos cambios importantes con la aparici�n de la clase media, con la aparici�n de la clase trabajadora. Aqu� se introdujeron cambios en la alimentaci�n de tal manera que de vulnerables nos hemos convertido en poderosos, pero ahora somos tan poderosos que el problema est� que los ricos intentan ir a fitness, ir a hacer yoga, y los pobres son obesos. Es un cambio de paradigma fruto de nuestro poder. Los humanos somos la �nica especie que hay en la Tierra que haya vencido el dilema de la vulnerabilidad, de la precariedad hist�rica. Solo que ahora no sabemos qu� hacer con el poder que tenemos.� —Explica que la medicina de antes ve�a al paciente como un hu�sped de la enfermedad. �Qu� sucede en la actualidad?, �se le pone en el centro? —Claro, esto es una novedad. Es decir, la que yo aprend� era una medicina donde estudi�bamos las enfermedades, no los enfermos. El paciente era un sujeto donde se instalaba la enfermedad. No estudi�bamos personas con diabetes, sino que estudi�bamos a la diabetes. Lo que estamos viviendo ahora es un cambio, aunque es m�s nominal que real. Es decir, si t� hablas con cualquier m�dico o enfermera, te dar� el discurso de la atenci�n centrada en una persona, pero la realidad es muy diferente porque la cultura que tenemos los profesionales es que de que hemos montado un sistema de salud de �xito. —�Cu�ntos a�os tiene el sistema actual de hospitales tal y como lo conocemos?—No te creas que muchos. Lo montamos en la mitad final del siglo pasado.�A principios del siglo XX los hospitales eran hospicios. Se acababa de descubrir que hab�a microbios, no exist�an los antibi�ticos, no exist�an los respiradores. Los hospitales eran un sitio donde la gente pobre iba a mal morir. Las personas se mor�an de algo que le llamaban el c�lico miserere, que es apendicitis. Un ni�o de 13 a�os con una apendicitis, ten�a 3 o 4 d�as de agon�a y muerte. No hab�a tratamiento. Y esto es solo hace cien a�os. —�Que sucedi� para tener lo que tenemos?—A mitad del siglo XX, despu�s de las guerras, en Espa�a la Guerra Civil, pero tambi�n la Segunda Guerra Mundial, pasan dos fen�menos muy importantes para la medicina. Uno es que aparece dinero, que antes de la guerra no exist�a. Es a lo que llamamos seguridad social. Todos los gobiernos, incluyendo el de Franco, un poco avergonzados de tanta guerra, pensaron sistemas de cobertura social y pusieron dinero para atender a los trabajadores y a sus familias, y se construyeron las residencias de seguridad social. Aparecieron los hospitales que ten�an antibi�ticos, respiradores y donde un ni�o con trece a�os que iba con apendicitis pod�a vivir con una operaci�n relativamente sencilla, unos antibi�ticos y al cabo de tres d�as a casa. Esto fue un cambio espectacular. Adem�s, hab�a dinero para cubrir las necesidades de una gran parte de poblaci�n que antes no exist�a. Antes solo estaban los ricos y despu�s la beneficencia. El tener tratamientos por fin eficaces que aparecieron durante las guerras (forzados un poco por los propios conflictos), y el tener dinero para los trabajadores, dio un gran prestigio a la medicina. El oficio se prestigi�entre la mitad y el final del siglo XX, hace muy poco, estaba yo estudiando. De golpe y porrazo, los m�dicos salv�bamos vidas. Los hombres de 50 a�os, si llegaban a tiempo al hospital con un infarto, no se mor�an, se salvaban. La gente dej� de fallecer de tuberculosis, desapareci� la s�filis. Todo esto hizo que lleg�ramos al siglo XXI con un gran prestigio de la medicina. —�Qu� suceder� a partir de entonces?—Al siglo XXI hemos entrado mal, porque salvar vidas es la bomba y hay que continuar haci�ndolo, pero ahora aparece una nueva sociedad y un nuevo problema. A lo que tambi�n le podemos llamar envejecimiento, vulnerabilidad o enfermedades cr�nicas. Para esto la medicina ya no est� tan preparada. Es decir, sabemos curar, pero ahora toca cuidar. Y para ello ya no es un tema solo de protocolos, sino de qu� valora cada persona. Estamos ante una medicina, unos sistemas de salu