
lavozdegalicia.es · Feb 17, 2026 · Collected from GDELT
Published: 20260217T073000Z
El Sindicato M�dico Profesional de Asturias (Simpa) convoca una concentraci�n en la tercera de las cuatro jornadas de huelga convocadas en todo el pa�s por las condiciones profesionales de los m�dicos PACO PAREDES | EFE 17 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h. Los m�dicos en Espa�a est�n llamados a la huelga. No se trata de una movilizaci�n coyuntural ni de una reivindicaci�n puntual, sino de la consecuencia natural de un proceso largo en el que m�ltiples factores se han ido acumulando hasta hacer imposible seguir avanzando. Ha llegado un momento en el que los m�dicos necesitan decir �hasta aqu��, no por una sola raz�n, sino por la suma de muchas que, juntas, han terminado por desbordar el ejercicio normal de la profesi�n. Durante a�os, la medicina se ha sostenido en gran medida sobre una vocaci�n profunda y real que ha llevado a los m�dicos a centrar su atenci�n casi exclusivamente en la asistencia, dejando en un segundo plano cuestiones que parec�an ajenas a su identidad profesional, como las condiciones laborales, los tiempos de descanso o el reconocimiento econ�mico y social. De alguna manera, se ha asumido que el m�dico solo pod�a hablar de medicina y de sus pacientes. Sin embargo, esta inercia ha ido normalizando una situaci�n que hoy resulta sencillamente insostenible. A esta realidad se suma la llegada de nuevas generaciones de m�dicos, que observan su trabajo desde una perspectiva diferente a la de hace cincuenta a�os. No se trata de una p�rdida de vocaci�n, sino de una evoluci�n l�gica de la profesi�n y de la sociedad. Precisamente por eso, esta evoluci�n obliga a poner sobre la mesa una serie de cuestiones que durante demasiado tiempo se han evitado. Ignorarlas no solo es injusto para los profesionales, sino que compromete el futuro del sistema sanitario. Entre todas ellas, hay una urgencia que destaca por encima del resto: la carga horaria. Muchos m�dicos trabajan jornadas extremadamente largas, en ocasiones de hasta 24 horas seguidas, manteniendo desde el primer momento hasta el �ltimo el mismo nivel de responsabilidad. Esta situaci�n no es humana. No lo es para el profesional, pero tampoco para el paciente. Nadie querr�a ser atendido u operado por un m�dico que lleva 20 horas trabajando sin descanso y, sin embargo, se ha convertido en algo habitual. Las consecuencias son evidentes. Estas jornadas afectan directamente a la salud del m�dico y a la calidad de la atenci�n que recibe el paciente. A ello se a�ade el escaso tiempo disponible por consulta, que dificulta que el profesional pueda desarrollar su trabajo adecuadamente. El resultado es un c�rculo vicioso en el que el m�dico no puede atender como le gustar�a, el paciente se siente mal atendido y la frustraci�n acaba recayendo sobre quien menos responsabilidad tiene en esta situaci�n. Resulta llamativo que, en otras profesiones con un alto nivel de responsabilidad, como los bomberos o las fuerzas de seguridad, existan regulaciones espec�ficas para evitar que una sola persona asuma durante tantas horas consecutivas una carga tan elevada. En el �mbito m�dico, esta regulaci�n sigue siendo una asignatura pendiente que urge abordar. Junto a las condiciones de trabajo, emerge con fuerza la cuesti�n econ�mica. Espa�a se encuentra a una distancia muy considerable de otros pa�ses europeos en cuanto a las retribuciones de sus m�dicos.�No hablamos de diferencias menores ni de peque�os ajustes salariales, sino de una brecha profunda. Esta situaci�n empuja a muchos profesionales formados en nuestro pa�s a marcharse al extranjero o a verse obligados a trabajar en varios centros para poder llevar un salario digno a casa. Ninguna sociedad puede permitirse perder as� a sus profesionales. En este contexto se sit�a tambi�n el debate sobre el estatuto marco, no desde una posici�n de superioridad frente a otros profesionales sanitarios, sino desde el reconocimiento de una realidad distinta: la responsabilidad que asumen, el exigente recorrido formativo que han tenido que superar y todo lo que han debido hacer para poder ponerse delante de un paciente, diagnosticar, tratar u operar con seguridad. Y si nos centramos en la perspectiva de los valores, el riesgo es claro. Si la sociedad no es capaz de reconocer m�nimamente este esfuerzo, la vocaci�n acabar� quedando relegada. La vocaci�n no puede convertirse en un argumento para justificar condiciones que no permiten vivir con dignidad. Los m�dicos no pueden sostener su vida �nicamente sobre ella. Esta huelga aspira, al menos, a corregir lo m�s b�sico, aquello en lo que existe un consenso social evidente. Nadie quiere m�dicos exhaustos, profesionales que se ven obligados a marcharse, ni una pr�ctica m�dica condicionada por la precariedad o el miedo. Esta situaci�n afecta a toda la sociedad, incluidos quienes toman decisiones y sus propias familias, porque todos somos, en alg�n momento, pacientes. Por eso, m�s que una huelga, esta movilizaci�n debe entenderse como un acto de responsabilidad colectiva. Ignorarla no es una opci�n razonable. Afrontarla y corregirla es una necesidad urgente. Adolfo Albistur es fundador de Valores de Nuestros M�dicos Archivado en: Huelga