
farodevigo.es · Feb 22, 2026 · Collected from GDELT
Published: 20260222T171500Z
María José Doce ha llegado a trabajar 210 horas en un mes. Irene Saura, que está en el último año de residencia, ha hecho semanas de 90 horas, y esta hizo tres guardias en cinco días. Y en su centro de salud, Martín Pintor reconoce el desgaste que genera empezar la jornada con la previsión de atender a 30 pacientes y terminarla con casi el doble. La huelga médica de esta semana —la primera de un calendario de paros que podría prolongarse hasta junio— no nace de un desacuerdo puntual, sino de un cansancio compartido por varias generaciones que aseguran que el sistema se ha sostenido durante años a costa de la vocación de sus profesionales, que, como todo, también tiene un límite.«Es la primera vez que veo el colectivo médico tan unido. Ya nos han cansado», explica a este diario Doce, médico de urgencias en el Hospital Universitario de A Coruña (CHUAC). Fue parte de los servicios mínimos y acudió a su puesto con la pegatina de médico en huelga. «Esto es importante que la población lo tenga claro, porque la huelga se hace, pero el paciente siempre va a estar en primer lugar», destaca.Doce terminó la residencia en 1998 y en verano, para cubrir vacaciones, ha llegado a hacer 210 horas en un mes. «Siempre han tirado de la vocación. Si faltaba alguien, nos quedábamos. Pero ese poner siempre por delante la salud de los pacientes ha acabado por descuidar la nuestra». Las guardias, obligatorias hasta los 55 años, son uno de los focos del conflicto. «Cansan, claro que cansan. No tomas las decisiones igual a las cinco de la mañana que a las once», sostiene, alegando que «a nadie se le ocurriría pedirle a un piloto que trabaje 24 horas sin descanso, pero de forma casi inconsciente, hemos aceptado que el médico sí tiene esta capacidad que no es real». A esto suma el «agravante» de que, aunque computan para la cotización, el tiempo trabajado en las guardias no cuenta para la jubilación, y si quieren dejar de hacerlas, no hay «ningún sistema en el que no se nos incremente la jornada y además sin perder poder adquisitivo». «¿Que por qué queremos un estatuto propio? Somos los únicos con once años de formación y la responsabilidad final es nuestra. La medicina es un equipo, y no soy nada sin los enfermeros, los médicos auxiliares y los celadores, pero la decisión final es mía. Cuando pasa algo, la responsabilidad es mía», insiste. Además, «somos los menos numerosos dentro del sistema, y cuando hay elecciones sindicales, los que más votan sacan más representantes. Pedir que se nos deje a los médicos negociar nuestras condiciones laborales, nuestras responsabilidades y nuestros descansos es de sentido común". En todo caso, aprecia «un cambio generacional muy positivo», y celebra que los más jóvenes de su servicio tengan los «límites» claros: «Hay que trabajar, pero vivir también».«Incompatible con la vida»Ese cambio generacional del que habla lo encarna Irene Saura, que actualmente está en el último año de residencia en el Hospital Universitario de Santiago (CHUS) por la especialidad de Otorrinolaringología. Esta semana hace tres guardias, miércoles, viernes y domingo, lo que considera «incompatible con la vida». Además del insomnio, que, reconoce, le afecta a ella y a todos sus compañeros, «está demostrado que la falta de sueño aumenta el riesgo de depresión, ansiedad... la tasa de suicidios es muy alta entre el personal médico». «La vocación existe, claramente, porque si no no habría nadie trabajando. Pero la vocación tiene un límite. Llega un punto en el que se termina y pasa lo que pasa, que la gente se va a la privada o se va de España», lamenta.Sobre sus compañeros más veteranos, reconoce que venían de situaciones «muy malas», con guardias encadenadas y sin libranza obligatoria al día siguiente. «Esos derechos ya se ganaron. Pero nosotros partimos de un umbral diferente» y «ahora que se está negociando la reducción de la jornada laboral, yo esta semana hago 80 horas», dice casi incrédula, porque aunque no sean obligatorias, «lo haces por compañerismo»: falta gente y si no le toca a uno, le toca a otro.A esto suma que el sueldo va muy ligado a las guardias, y en su caso suponen más de la mitad de lo que ingresa de un salario base de unos 1.300 euros brutos. En todo caso, «el sueldo no te da vocación ni te quita el sueño», asevera al respecto, segura de que ella participará en la medida de lo que pueda en los próximos paros. «Se están cubriendo los servicios mínimos y poco más. Esperemos que sirva de algo, porque al final nos vamos a comer todos el desperfecto», vaticina.«Cansancio generalizado»En atención primaria, el desgaste adopta otra forma. Martín Pintor, médico de familia en el centro de salud de Val Miñor, en Nigrán, habla de una «saturación física y mental» que se ha vuelto estructural. Acabó la especialidad en 2019 y asegura que el cansancio es generalizado. «Entre guardias obligatorias y prolongaciones de jornada que también acaban siendo obligatorias por las ausencias de compañeros, acabamos haciendo entre 50 y 60 horas a la semana trabajando sábados, festivos, Nochebuena…».En su caso, la falta de personal implica una sobrecarga asistencial que puede duplicar la carga de trabajo. «Lo ideal es atender a unos 30 pacientes al día, si la plantilla está cubierta al 100%». Pero entre la escasez de profesionales, el envejecimiento del personal, las incapacidades temporales, las vacaciones y los días de libre disposición, «como no hay sustitutos acabamos asumiendo más trabajo». «Comienzas la jornada con 27 pacientes en la lista y a medida que pasan las horas, en vez de disminuir, aumenta, y puedes terminar el día con 48 o 58. Y eso repercute en la atención directa. No somos máquinas», lamenta.A la falta de profesionales se suman los contratos que hace el Servizo Galego de Saúde (Sergas), que califica como «precarios». Cuando él empezó, recuerda, eran de quince días; ahora pueden ser de un mes o de tres, pero «siguen siendo muy precarios». «Y al resto de compañeros, enfermeros, celadores, administrativos... se les hacen contratos de días», explica. La consecuencia, advierte, no es solo laboral: «Está demostrado con múltiples estudios que quienes tienen el mismo médico de familia durante 15 años mueren menos».Tres generaciones, tres niveles asistenciales y un mismo diagnóstico: el sistema sanitario sigue funcionando, pero lo hace a costa de quienes lo sostienen. «Somos los que tenemos que cuidar y a los que nadie cuida», lamenta Doce.Suscríbete para seguir leyendo