
mundiario.com · Mar 1, 2026 · Collected from GDELT
Published: 20260301T080000Z
Imagina que un tratamiento oncológico lleva años de investigación, supera todos los ensayos clínicos, obtiene la aprobación de la Agencia Europea del Medicamento y está listo para salvar vidas. En Alemania, ese fármaco llega al paciente en unos 90 días. En España, la espera media es de entre 600 y 700 días. Casi dos años. Para alguien con un diagnóstico grave, ese tiempo no es una estadística: es todo. Marisol Soengas lo sabe mejor que casi nadie. Como directora del grupo de melanoma del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), ha visto cómo compuestos desarrollados en su laboratorio han tardado años en cruzar el abismo que separa el descubrimiento del paciente. Y como paciente de cáncer de mama desde finales de 2023, lo ha vivido también desde el otro lado. En el nuevo episodio del podcast de MUNDIARIO, habla sin eufemismos de un sistema que investiga bien pero que, en demasiadas ocasiones, no sabe —o no quiere— traducir ese conocimiento en tiempo real para quienes más lo necesitan. El cuello de botella que nadie quiere nombrar La ciencia española publica bien. Tiene talento, rigor y centros de referencia internacional. El problema no está en el laboratorio: está en el laberinto que viene después. Cuando un tratamiento oncológico obtiene el visto bueno europeo, comienza en España una cadena de negociaciones entre la industria farmacéutica, el Ministerio de Sanidad, el de Hacienda y las comunidades autónomas. Cada eslabón añade meses. En algunos hospitales, incluso cuando el fármaco ya está aprobado y negociado, el presupuesto del centro no da para ofrecerlo. El resultado es ese número que Soengas cita con la precisión de quien lleva años denunciándolo: 700 días de media. ¿Es un problema de voluntad política, de diseño del sistema o simplemente de no haber priorizado nunca la innovación terapéutica como una urgencia? En el podcast, Soengas no señala con el dedo a un único culpable, pero sí construye un argumento difícil de rebatir: un país que nunca ha alcanzado la media europea en financiación de I+D no puede sorprenderse de estar a la cola en acceso a tratamientos innovadores. Investigar para el paciente del futuro. ¿Y el del presente? Hay una frase que los investigadores repiten a menudo como consuelo y como carga: "Trabajamos para el paciente del futuro." Soengas la acepta, pero no se conforma con ella. Porque entre el paciente del futuro y el del presente hay una grieta que la burocracia ensancha cada día. Su propia trayectoria ilustra bien la paradoja. La biotecnológica que cofundó tiene actualmente siete ensayos clínicos activos con pacientes. Una de ellas —una mujer con melanoma recurrente que había agotado todas las opciones, incluida la inmunoterapia— lleva más de dos años libre de enfermedad gracias a un compuesto que salió de su laboratorio. Lo encontró ella misma, después de ver una entrevista en medios, y buscó el ensayo con su oncóloga. No fue el sistema quien la llevó hasta ahí: fue la comunicación, la suerte y su propia determinación. Que eso ocurra es emocionante. Que dependa de esos factores es, también, un síntoma. Tres propuestas para dejar de perder tiempo Soengas no se limita al diagnóstico. En el podcast detalla qué cambiaría si pudiese influir en las decisiones políticas: llevar la financiación en I+D al menos a la media europea —algo que España nunca ha logrado—, construir una verdadera estructura de colaboración público-privada que agilice la traslación del descubrimiento al tratamiento, y trabajar la equidad territorial para que el código postal no determine el acceso a las terapias más avanzadas. Ninguna de las tres propuestas es nueva. Todas llevan años sobre la mesa. La pregunta que queda flotando al terminar el episodio es incómoda: ¿cuántos pacientes más tendrán que esperar 700 días antes de que se conviertan en política real? Cuando la científica se sienta en el otro lado Hay un momento del episodio en que todo se vuelve más personal. A finales de 2023, Marisol Soengas recibió un diagnóstico de cáncer de mama. "El diagnóstico lo vives como persona. El científico entra horas después", cuenta. Y lo que describe a continuación es uno de los testimonios más lúcidos que se pueden escuchar sobre lo que significa necesitar el sistema que llevas décadas intentando mejorar. Decidió hacerlo público porque el silencio habría sido una contradicción. Y porque, dice, el apoyo psicológico en oncología sigue siendo una asignatura pendiente que solo se visibiliza cuando alguien con altavoz lo nombra. Desde entonces recibe mensajes cada semana. Ha seguido trabajando, ha seguido reivindicando y, en sus redes, sigue escribiendo una frase que resume su forma de estar en el mundo: "Cada día es un regalo." Lo que la ciencia española merece El episodio con Marisol Soengas no es solo una conversación sobre melanoma. Es un espejo en el que la investigación biomédica española puede verse tal como es: brillante en sus laboratorios, frustrada en sus despachos. Con una generación de científicos que se formó fuera, volvió con proyectos bajo el brazo y sigue esperando que el sistema esté a la altura de su talento. ¿Cuánto tiempo más puede permitirse España desperdiciar entre el descubrimiento y el paciente? El episodio con Marisol Soengas ya está disponible en todas las plataformas de podcast de MUNDIARIO. @mundiario