
mundiario.com · Feb 22, 2026 · Collected from GDELT
Published: 20260222T153000Z
La política comercial de Estados Unidos vuelve a situarse en el epicentro de la inestabilidad global. Después de que el Tribunal Supremo de Estados Unidos invalidara buena parte de los aranceles aprobados en abril de 2025, el presidente Donald Trump reaccionó con una batería de nuevas medidas que amenazan con alterar otra vez el tablero económico internacional. El fallo judicial supuso un golpe directo a la estrategia económica del mandatario republicano. La Corte determinó que la Casa Blanca se excedió al utilizar una ley de emergencia de 1977 para imponer gravámenes sin el aval del Congreso. Esa decisión tumbó los llamados “aranceles recíprocos”, presentados por Trump como herramienta para corregir el déficit comercial y presionar a socios estratégicos. Lejos de rebajar el tono, el presidente respondió con contundencia. En cuestión de horas anunció un arancel general del 10% a todas las importaciones durante 150 días, porcentaje que elevó al 15% al día siguiente. La medida, que deberá ser ratificada por el Congreso en un plazo de cinco meses, introduce nuevas incógnitas en un contexto ya marcado por la volatilidad. Más de 200.000 millones en juego Desde comienzos de año, Estados Unidos ha recaudado más de 200.000 millones de dólares gracias a los aranceles ahora cuestionados. Esos ingresos se habían convertido en un pilar para unas cuentas públicas tensionadas por el aumento del gasto y las rebajas fiscales impulsadas por la Administración. La gran incógnita es si el Gobierno deberá devolver parte de ese dinero a las empresas importadoras y cómo se gestionaría un eventual proceso de reembolsos masivos. El impacto no es solo presupuestario. Durante el último año, los aranceles han funcionado como instrumento de presión diplomática en negociaciones bilaterales. Su anulación judicial debilita esa palanca de poder en un momento en que Washington mantiene frentes abiertos con varias economías clave. Europa, en alerta En Bruselas, la Comisión Europea examina el alcance legal de la sentencia y sus posibles efectos sobre el acuerdo comercial firmado el pasado verano entre la Unión Europea y Estados Unidos. Ese pacto establecía un arancel homogéneo del 15% para productos europeos. Aunque Trump ha asegurado que respetará el acuerdo, en la UE temen que el nuevo arancel global pueda sumarse a otros gravámenes existentes bajo la cláusula de Nación Más Favorecida de la Organización Mundial del Comercio, lo que podría encarecer aún más las exportaciones europeas en lugar de abaratarse tras la sentencia. Además, el nuevo esquema elimina la ventaja competitiva que suponía el acuerdo bilateral: si todos los países afrontan el mismo arancel del 15%, el beneficio diferencial desaparece. Asia: entre la cautela y la expectativa En Asia, el escenario es todavía más complejo. Las tensiones comerciales con China, que vivieron picos de máxima fricción antes de entrar en una tregua, han estado marcadas por subidas y rebajas sucesivas de gravámenes. En Pekín no ha habido reacción oficial inmediata, aunque sectores empresariales interpretan el fallo como un revés para la estrategia unilateral de Washington. Países como Japón, Corea del Sur o India, que han negociado exenciones o acuerdos específicos en los últimos meses, intentan ahora descifrar si esos compromisos siguen vigentes o si deberán reabrirse conversaciones. Tres órdenes para blindar la estrategia Tras el fallo judicial, la Casa Blanca emitió tres proclamaciones presidenciales. La primera establece el arancel global temporal. La segunda mantiene restricciones a los envíos de bajo valor —los populares paquetes procedentes de plataformas asiáticas— cuya exención fiscal ya había sido limitada en 2025. La tercera ordena nuevas investigaciones comerciales al amparo de la sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, mecanismo utilizado anteriormente para justificar gravámenes específicos. El nuevo arancel incluye una extensa lista de excepciones por “interés nacional”: minerales críticos, ciertos productos agrícolas, medicamentos, componentes electrónicos y bienes estratégicos quedan fuera del gravamen temporal. Esta red de exenciones añade otra capa de complejidad a un sistema ya difícil de interpretar para empresas y autoridades aduaneras. Empresas en el limbo La incertidumbre golpea especialmente a los importadores estadounidenses, que son quienes abonan los aranceles en primera instancia. Muchas compañías estudian si pueden reclamar devoluciones por los gravámenes anulados y cómo afectará la nueva tasa global a sus cadenas de suministro. Abogados especializados en comercio internacional anticipan una avalancha de litigios y disputas administrativas que podrían prolongarse durante meses o años. El resultado es un clima de inseguridad jurídica que complica la planificación empresarial en plena campaña electoral, con un Congreso dividido y una mayoría republicana muy ajustada en la Cámara de Representantes. La sentencia del Supremo no ha cerrado el capítulo arancelario, sino que ha abierto otro aún más incierto. La política comercial estadounidense entra en una fase de redefinición en la que se mezclan tensiones institucionales, intereses electorales y un impacto potencial significativo sobre la economía global. @mundiario