
mundiario.com · Feb 18, 2026 · Collected from GDELT
Published: 20260218T183000Z
En apenas doce meses, China ha mostrado al mundo un salto tecnológico notable en el desarrollo de robots humanoides. En 2025 los vimos ejecutar una danza tradicional con movimientos limitados al tren superior y desplazamientos controlados. En 2026 realizan parkour, saltos mortales, manipulan objetos complejos y se coordinan en grupo a gran velocidad. La diferencia no es estética. Es estructural. No se trata de un espectáculo aislado. Se trata de una demostración pública de aceleración tecnológica. Y desde Madrid, este fenómeno merece algo más que curiosidad. Porque uno de los referentes mundiales en cirugía avanzada, el gallego Diego González Rivas, participa en China en la exploración de aplicaciones médicas vinculadas a estos desarrollos robóticos. Eso introduce una dimensión sanitaria en un debate que muchos aún perciben como puramente industrial. Conviene ser rigurosos: no estamos hablando de robots que operen de forma autónoma. Sería irresponsable afirmarlo. Estamos hablando de sistemas humanoides que están aprendiendo equilibrio dinámico, precisión en la manipulación y coordinación compleja bajo supervisión humana. Y esas son, precisamente, las variables que importan en un quirófano. Cuando un cirujano de trayectoria internacional —pionero en cirugía torácica mínimamente invasiva y referente global en técnica uniportal— se implica en este tipo de desarrollos, el mensaje no es futurista; es evolutivo. La medicina está entrando en una nueva fase de integración tecnológica. ¿Por qué es relevante para la sanidad? Porque las tres capacidades que han evolucionado de forma visible en un año —rango completo de movimiento con estabilidad, manipulación fina de objetos y coordinación rápida en entornos dinámicos— son competencias críticas en cirugía avanzada. Si un sistema robótico puede ejecutar secuencias complejas manteniendo equilibrio y precisión, puede evolucionar, bajo dirección médica, hacia tareas asistidas en entornos clínicos. No sustituye al cirujano. Amplía su margen de actuación. La cuestión, por tanto, no es tecnológica. Es estratégica. El desarrollo industrial es chino. El ecosistema empresarial es chino. El despliegue responde a una política industrial clara y coordinada. Pero la orientación clínica, el criterio médico y la capacidad de trasladar esa tecnología al servicio del paciente dependen del talento profesional. Y ahí España tiene mucho que decir. La participación de médicos españoles en esta conversación global debería interpretarse no solo con orgullo, sino con responsabilidad. Porque el verdadero debate no es si los robots llegarán a los hospitales —llegarán—, sino si nuestro sistema sanitario está preparado para integrarlos con sentido. ¿Estamos formando a los futuros sanitarios para trabajar con inteligencia artificial física, no solo con herramientas digitales? ¿Estamos adaptando nuestras estructuras hospitalarias a una medicina híbrida? ¿Estamos invirtiendo en liderazgo tecnológico o limitándonos a observar cómo otros marcan el ritmo? El salto que hemos visto en China en doce meses no es anecdótico. Es indicativo de una estrategia sostenida. Y en un contexto global en el que la tecnología redefine sectores enteros, la sanidad no será una excepción. La danza fue una exhibición. La acrobacia fue una prueba de capacidad. La verdadera transformación será cuando estas tecnologías, bien integradas, contribuyan a mejorar resultados clínicos, reducir complicaciones y ampliar el acceso a procedimientos de alta complejidad. El futuro no es humano o robótico. Será colaborativo. @mundiario