
jornada.com.mx · Feb 23, 2026 · Collected from GDELT
Published: 20260223T124500Z
En 2009, durante el primer mandato del presidente Barack Obama, se publicó el llamado “dictamen de peligro”, un documento muy bien fundamentado en el que se establecía que seis gases de efecto invernadero presentes en la atmósfera y emitidos por los motores de combustión, perjudicaban la salud humana. Era el caso del dióxido de carbono y el óxido nitroso. Eliminarlos al máximo era crucial para garantizar el bienestar de la población, en especial la de los niños y las personas mayores. Pero lo esencial era que bajo la llamada Ley de Aire Limpio se respaldaba a la Agencia de Protección Ambiental (EPA por sus siglas en inglés) para que limitara la contaminación origen del calentamiento global, la que provenía de la industria del petróleo y el gas, las plantas de energía y los vehículos. Era, además, la herramienta más poderosa del gobierno federal para abordar la contaminación climática y la contribución de Estados Unidos a la crisis global. En ese entonces (igual que ahora) el principal emisor de sustancias contaminantes en el planeta. La larga lista de restricciones medioambientales también demostraban que el cambio climático era provocado por la acción humana. Así se documentó en los trabajos de los más destacados centros de investigación dedicados al medio ambiente en Estados Unidos y otros países, así como prestigiosos científicos y las academias de medicina. Pero en un giro radical, el presidente Donald Trump recién enterró todo el andamiaje legal establecido con el fin de garantizar un aire limpio y luchar contra los gases de efecto invernadero, y que fue pilar fundamental de la estrategia ecológica de Estados Unidos. En un acto especial en la Casa Blanca y acompañado por el administrador de la EPA, Lee Zeldindejó, dejó sin efecto toda la facultad que tenía dicha agencia para regular la contaminación climática. La calificó como “la mayor acción de desregulación en la historia estadunidense” y un gran apoyo a la economía de su país, pues, predijo, ahorrará billones de dólares a los consumidores al reducir el costo promedio de un vehículo nuevo en casi 3 mil dólares. Con su característico lenguaje, justificó su proceder diciendo que el llamado “dictamen de peligro” dio como fruto principal una “desastrosa política que de nada servía”. Que derogar las regulaciones de la EPA en cuanto a garantizar un aire limpio “no tenía nada que ver con la salud pública. Todo esto fue una estafa, una gran estafa, fue un robo al país por parte de Obama y Biden”. Cabe señalar que durante el gobierno de Biden, la EPA buscó endurecer esos estándares para alentar a la industria automotriz a fabricar más híbridos y vehículos eléctricos eficientes. Pero no lo logró por la férrea oposición y la influencia política de dicho sector industrial. A las afirmaciones de Trump respondieron en una carta pública más de mil expertos y defensores destacados del medio ambiente. En ella le recuerdan al mandatario y a los ciudadanos que “las pruebas científicas relativas al cambio climático provocado por el hombre y sus consecuencias eran inequívocas en 2009 y, desde entonces, se han vuelto aún más alarmantes y convincentes”. Por su parte, una coalición de importantes grupos de salud pública, del Natural Resources Defense Fund, así como promientes científicos anunciaron que demandarán al gobierno en los tribunales correspondientes por ser ilegal la medida tomada por el magnate. Con la eliminación del “dictamen de peligro”, el gobierno estadunidense podrá ahora dejar sin efecto otras medidas que reducen la contaminación atmosférica proveniente de las plantas de energía y el funcionamiento de los complejos que extraen y procesan petróleo y gas. Algo muy grave en cuanto a la generación de gases de efecto invernadero. Y en momentos en que los efectos del cambio climático se hacen más evidentes en Estados Unidos y en el resto del mundo. Mientras tanto, la Ciudad de México padeció recientemente una grave con-taminación atmosférica que obligó a aplicar el Hoy No Circula varios días. Fue atípica, dijo un experto. Pero lo atípico sería tener días con aire limpio. No hay duda de que es obsoleta la actual estrategia oficial para combatir la contaminación atmosférica en la Cuenca de México. Y que urge actualizarla.