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Entre la violación y la pedofilia
peru21.pe
Published about 9 hours ago

Entre la violación y la pedofilia

peru21.pe · Feb 22, 2026 · Collected from GDELT

Summary

Published: 20260222T131500Z

Full Article

Cuando el Perú vota lo hace de manera desconcertante. Se contradice, se suicida de a pocos, se revela lejano de la mínima madurez cívica requerida para desarrollarse como país. Pero su voz es soberana, y esta debe respetarse en su acostumbrado salto al vacío tras salto al vacío, que es como hemos estado interpretando la democracia últimamente. Pero, cuando el Congreso vota, lo hace de manera criminal. Ahí no hay ignorancia. Hay cálculo y repartija, en donde el país es reducido a la categoría de trapeador. Detrás de la torpeza aparentemente inocua de César Acuña y el populismo mercantilista de José Luna hay un profundo desprecio al futuro del país. Luna y Acuña, además de la hostilidad autodestructiva entre López Aliaga y Fujimori, nos han llevado a esto. Esas cuentas se van a pagar de una u otra manera. Un personaje del perfil de José Jerí —lobista, desequilibrado sexual, repartidor de contratos a sus amigas— era indefendible como presidente. Eso no era gobernabilidad, era decadencia y erosión democrática sostenida. Un tumor es un tumor es un tumor. La incapacidad orgánica de los partidos para ponerse de acuerdo en una salida civilizada a un problema común confirma la degradación política peruana: el liderazgo está subsumido por el ego, traumas personales y una matonería insustancial que enajena antes que construir consensos. Esta orfandad es aprovechada por los amorales para llevar el timón por donde les convenga personalmente. La responsabilidad es compartida. Está por verse cómo se reparten culpas y castigos en las próximas encuestas. Queda confirmado, además, que contamos con una sucesión de impresentables pintorescos listos para tomar la posta del vacado de turno. Es consecuencia de la disfuncional representación política; postulan aventureros y migajeros, no los más capaces. Nadie quiere acabar empapelado el resto de sus días. Es lo que ha sucedido con la elección presidencial del octogenario José María Balcázar, defensor de las relaciones sexuales tempranas de niñas e invitado del partido que dio un golpe precario por televisión. Además de ser acusado de prevaricato, fraude, estafa y cohecho. Este señor que, además, parecería tener adicionalmente problemas de deterioro intelectual propios de su edad, será presidente del Perú durante los próximos seis meses. Es la versión peruana de la ruleta rusa: que nos gobierne el menos apto a ver qué pasa. Ahora estamos transitando del fiasco milenial de Jerí a la incertidumbre senil de Balcázar. Hasta antes de que Balcázar fuera elegido tuvimos el mejor gobierno de los últimos diez años de la historia del Perú. Esa administración histórica fue la que estuvo a cargo del país entre las 2:30 de la tarde del martes, día y hora en que Jerí fue desalojado, hasta las 10 de la noche del miércoles, cuando asumió el cargo el peruposibilista. ¿Quién fue presidente del Perú durante esas horas? Nadie. No hubo presidente. Durante ese breve espacio de tiempo en la historia reciente del país nadie tomó provecho del cargo, nadie se reunió en secreto con empresarios turbios, nadie habló cojudeces vergonzosas. Y nadie tuvo que estar pendiente de la miseria ajena de quien detenta el poder. El descanso de presencia humana en la política fue análogo a la pausa temporal que tuvo la playa Agua Dulce el pasado domingo cuando se cerró al público. Agua y arena se limpiaron solas, los animales volvieron espontáneamente a sus orillas antes convertidas en cementerios de chanchos a medio comer. Que es más o menos lo que políticos y sus cómplices —nosotros los electores— hemos hecho de la democracia peruana en la última década: un muladar. No fue una solución, pero sí un descanso. Pajerí el Breve ya entró en la licuadora de carne judicial. Antes de cumplir los cuarenta años ha asegurado su lugar como tragicómica nota al pie de página de la historia del Perú. Uno más que el Congreso eligió. No se entiende si fue una maldad o un acto de dudoso cariño que la banda de música de Palacio lo despidiera en su último cambio de guardia con una curiosa elección musical: “Persiana americana”, de Soda Stereo. Es la canción acerca de un voyerista que espía a alguien a través de la ventana. En corto, es un himno al onanismo. Pero ante la modesta calidad de la elección congresal del reemplazo del reemplazo del reemplazo de Pedro Castillo, lo que hasta hace poco era desgracia ahora podría ser nostalgia. Quién se iba a imaginar que acabaríamos extrañando a un pajero.


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