diariopalentino.es · Mar 1, 2026 · Collected from GDELT
Published: 20260301T083000Z
Tras las elecciones de Extremadura y Aragón, el espectáculo de los pactos postelectorales invita al desánimo. La mayorÃa estamos hartos de ese circo. Cuando no hay un ganador claro la polÃtica se convierte en un regateo de intereses, incluso antes de tiempo, comienzan a vender la piel de oso y el votante queda relegado a simple espectador. La proporcionalidad no existe, solo hay estrategias: «la pinza», «el chantaje» «lo tomas o lo dejas». Pasan dÃas. Cada partido estipula sus condiciones y todo lo que prometÃan parece que deja de interesarles. El desacuerdo se impone. Las negociaciones se estancan y al final, el único perdedor es el votante. ¿Qué es lo posible en polÃtica? ConvendrÃa no olvidar lo necesario en una relación de poder. En Castilla y León, unos 26 partidos se disputan un mismo hueso. Uno de ellos sigue en el feudalismo, planea partir la comunidad seguramente creyendo que es la única manera que puede gobernar un trozo de esta tierra. ¿Dónde queda el votante en todo este lÃo? En ningún sitio. Es decepcionante. Solo se lucha por el poder, no por la gente. Si no cambian las reglas lo que nos espera es más de lo mismo: discrepancia entre partidos y ciudadanos en el limbo. Y lo mismo ocurre con el Gobierno y sus socios. AhÃ, el poder se impone continuamente a la coherencia: los aliados exigen cambios, critican con dureza al Ejecutivo pero, sin consecuencias reales. Al final, lo apoyan por mucho que sus propios desahogos vayan continuamente en contra. ¿Motivo? El poder y como siempre, la disputa por un hueso que es demasiado sabroso. Los ciudadanos solo quieren cosas básicas: vivir dignamente bajo un techo, tener un trabajo, disponer de Sanidad y una Educación públicas; recuperar propiedades si han sido invadidas ilegalmente; que trenes y carreteras sean seguros, que los impuestos sirvan para lo que se recaudan; no perdonar deudas millonarias a las regiones más ricas ni se regalen ventajas fiscales a quienes ya lo tienen todo, ni tampoco, se financien «chiringuitos» conocidos ni de pacotilla con el dinero público. Porque, el hueso que se disputan, es de los ciudadanos: no del poder.