
eleconomista.es · Feb 17, 2026 · Collected from GDELT
Published: 20260217T074500Z
Dan Brouillette (Luisiana, 1962) fue secretario de Energía de Estados Unidos entre diciembre de 2019 y enero de 2021, durante la primera Administración Trump. Antes había sido secretario adjunto del Departamento de Energía tras una trayectoria larga entre Washington y el sector privado donde ocupó cargos como vicepresidente de Ford.Al frente del Departamento de Energía (DOE) puso el foco en la seguridad nacional, la resiliencia de la red y la competitividad tecnológica, con el impulso de programas de demostración en almacenamiento y nuclear avanzada. Tras su etapa en el Gobierno, se ha consolidado como una voz influyente en el debate energético estadounidense sobre la fiabilidad del sistema, cadenas de suministro y geopolítica de la energía. Esta pasada semana, Brouillette ha visitado Múnich para participar en la Conferencia de Seguridad –un foro a menudo descrito como el "Davos" de la seguridad por su peso en la agenda global–. En dicho foro, se ha puesto sobre la mesa que el comercio y las cadenas de suministro se han convertido en instrumentos de presión geopolítica y se ha recuperado mensajes como el del mejor mix energético es el más diversificado. ¿Cuáles son las principales diferencias entre la política energética de la primera Administración Trump, en la que usted tuvo un papel relevante, y el enfoque que estamos viendo ahora en este segundo mandato? Creo que es la misma política general la que el presidente está impulsando, pero en el segundo mandato tiene oportunidades que no estuvieron completamente disponibles en el primero. Lo que estamos viendo es que la Administración se mueve más rápido en algunas de las cosas que intentó conseguir en el primer mandato. Me refiero a que quiere mejorar aún más la producción estadounidense de petróleo y gas natural; quiere arreglar algunos de los problemas asociados a la red eléctrica en Estados Unidos; y quiere aumentar la producción de "electrones", es decir, la parte de generación eléctrica de nuestra red, y lo está haciendo a un ritmo muy, muy rápido. Además, está abordando unas cadenas de suministro que se han convertido en un reto mucho mayor en este segundo mandato que en el primero. En el primer mandato vimos los inicios de la situación en torno a las cadenas de suministro, muy relacionada con la pandemia, y detectamos dependencias difíciles de países como China y de otros en el mundo. El presidente está abordando eso como parte de su política energética en el segundo mandato. Ésas son las diferencias fundamentales: misma política, quizá con la excepción de tratar las cadenas de suministro de forma mucho más agresiva. Misma política, pero avanzando mucho más rápido. La "dominancia energética" que proclama Trump se enfoca cada vez más en minerales críticos y cadenas de suministro. ¿Cómo evalúa la posición de Estados Unidos hoy? ¿Dónde es fuerte y dónde está peligrosamente expuesto? En minerales críticos, a medida que desarrollamos nuevas tecnologías vinculadas a centros de datos, inteligencia artificial y semiconductores, estamos viendo una necesidad creciente de estos materiales para fabricar esos productos. En Estados Unidos nos hemos dado cuenta –y quizá también otros países– de que nos hemos vuelto demasiado dependientes de países como China, que dominan no sólo el suministro de minerales críticos, sino también su procesamiento o refinado, un extremo que necesitamos en Estados Unidos y en otros lugares. Estamos abordando eso como política estadounidense. Lo que intentamos es, primero, estabilizar el mercado y, francamente, reducir nuestra dependencia, pero también reducir la capacidad de China para manipular ese mercado trayendo parte de esa fabricación de vuelta dentro de nuestras fronteras geográficas y examinando otras cosas que podemos hacer asociadas al avance o la innovación en materiales avanzados. En la medida en que podamos sustituir la dependencia de ciertos materiales o minerales críticos por sintéticos u otros enfoques innovadores, también lo estamos haciendo. En Europa tenemos una preocupación similar por el papel de China. ¿Cómo evalúa la situación energética de Europa ahora mismo en términos de seguridad de suministro y competitividad? ¿Cuál sería el punto principal a mejorar? Europa está en una situación en cierta medida parecida a la de Estados Unidos: se ha vuelto dependiente de un país para el suministro de estos minerales críticos. Creo que, si trabajamos juntos –estoy ahora mismo en la Conferencia de Seguridad de Múnich–, en esa asociación transatlántica podemos decidir cuáles serán nuestras necesidades en los próximos cinco, quizá diez o veinte años. Y si podemos determinarlas ahora, también podemos concretar qué necesitamos hacer de forma muy específica para corregir o abordar las brechas de nuestras cadenas de suministro. Son conversaciones importantes para nuestros gobiernos. Hay muchas opciones: podemos abordarlo con política fiscal, con política comercial, y también hacer cosas dentro de nuestros países, como establecer reservas de ciertos minerales críticos que sabemos que necesitaremos en cinco o diez años. Ésos son primeros pasos importantes para atender las necesidades de nuestros respectivos países. Si tuviera que recomendar tres acciones prioritarias para Europa, ¿cuales serían? Primero, Europa ha estado en una situación muy difícil tras la invasión de Ucrania por Rusia respecto al suministro de gas natural. Es importante que Europa lo aborde. Sus importaciones de GNL, por ejemplo, han aumentado, y eso permite diversificar las fuentes de energía. Eso es muy importante. Segundo, sentarse y pensar qué papel quiere jugar Europa en el futuro de la IA y de los centros de datos y estas tecnologías tan intensivas en energía. Si quieren traerlas de vuelta a Europa o aumentar su influencia en esas industrias, va a exigir mirar su cartera energética actual. Y, según la veo, Europa ha hecho un gran trabajo aumentando los esfuerzos de descarbonización, pero eso ha significado una dependencia creciente de fuentes intermitentes o dependientes del clima, principalmente, eólica y solar. En la medida en que estén dispuestos a considerar otras formas de base, ya sea gas natural o incluso nuclear, eso es importante. En mi opinión, es una de las pocas maneras de cubrir el volumen de demanda energética que se les viene encima. Y tercero, averiguar qué se puede hacer, como mencionábamos, en minerales críticos: qué podemos hacer juntos para invertir en estas industrias, traerlas de vuelta a nuestras fronteras geográficas y mitigar la dependencia de China a la que ambos nos enfrentamos. ¿Qué papel puede jugar la energía nuclear en Estados Unidos y en Europa en la próxima década? ¿Es posible un 'renacimiento'? Creo que sí, y que juega un papel muy importante, especialmente si pensamos en tecnologías más nuevas. Cuando hablamos de reactores avanzados y del desarrollo de nuevos combustibles asociados a esos reactores, lo he dicho muchas veces públicamente: algunos de esos nuevos combustibles son muy, muy seguros. No tienen las mismas características que tenía la energía nuclear hace 20 o 25 años. No son propensos a accidentes. No podemos tener una situación como la de Rusia hace dos o tres décadas con Chernóbil. Con los nuevos combustibles que se están desarrollando para los pequeños reactores modulares que intentan entrar en operación, ya no tenemos ese tipo de liberaciones. Con ese tipo de tecnología, y con el hecho de que estos combustibles no son contaminantes, no se pueden usar para fabricar ojivas, sospecho que la aceptación del consumidor subiría. Y, si sube, podremos emplazarlos en lugares en los que antes no lo habíamos considerado. Como proporcionan potencia 24 horas los 7 días de la semana, lo que se conoce como base, permiten cubrir no sólo la demanda de la Inteligencia Artificial, sino la demanda económica básica a la que se enfrentarán. La Administración Trump ha puesto, 2.700 millones de dólares para desarrollar ese combustible nuclear avanzado y reducir la dependencia de Rusia. ¿Es suficiente? A mí me parece poco, porque son tecnologías muy complejas. No, no es suficiente. Dos mil millones de dólares es un primer paso muy importante para desarrollar este HALEU –uranio de bajo enriquecimiento y alto ensayo–, pero sólo es el primer paso. Hará falta una asociación público-privada para establecer capacidades de enriquecimiento, no sólo en Estados Unidos, también en Europa. A medida que los gobiernos se den cuenta del alcance de la demanda que está llegando, estarán más y más dispuestos a participar en este tipo de asociaciones para que podamos ponerlas en marcha, comercializar y escalar esa tecnología. ¿Cómo ve la situación energética española en estos momentos? Su situación en España ilustra, en cierta manera, el peligro de depender en exceso de una sola forma de energía. Como mencioné antes, cuando se depende demasiado de tecnologías intermitentes o dependientes del clima. Por eso insistimos en diversificar el suministro. Y, si miramos a Estados Unidos, se ha vuelto muy fuerte en exportación de gas natural y en el desarrollo de tecnologías nucleares, incluidas las de pequeños reactores modulares. Son diseños y tecnologías que podemos compartir en todo el mundo. Es importante que lo hagamos, y que lo hagamos muy, muy rápido. Hablemos de Venezuela. Es un asunto muy importante. ¿Cómo ve la política de Trump hacia Venezuela en este momento? ¿Cuál es su visión? Es importante que abordemos el régimen de Maduro. Ha sido un régimen muy difícil de gestionar desde el punto de vista de la comunidad internacional. En el ámbito que conozco, energía, creó un mercado negro de petróleo y un mercado negro de gas, y eso distorsionaba los mercados mundiales. Si pensamos cuáles deben ser los próximos pasos para Venezuela, es importante que, primero, el pueblo venezolano reconozca que tiene una oportunidad de establecer una democracia real. Eso es importante. También tiene la oportunidad de demostrar o establecer un mercado libre, un mercado abierto, u