
laprovincia.es · Feb 17, 2026 · Collected from GDELT
Published: 20260217T074500Z
Van ustedes al matadero. En un poema muy hermoso Salvador Espriú advirtió: «De vegades és necessari i forçós/ que un home mori per un poble,/peró mai no ha de morir tot un poble/per un home sol…» Adaptándalo a su situación: a veces un gran dirigente debe dimitir por bien de su partido, pero jamás un partido se puede inmolar para garantizar el liderazgo de un dirigente. Acabo de escuchar a Ángel Víctor Torres insinuar que Felipe González debe abandonar el PSOE. Torres tiene muy poca memoria histórica. Felipe González ya abandonó el PSOE una vez: anunció que dimitiría como secretario general y se marcharía cuando en el XXVIII Congreso fue rechazada su propuesta para que el PSOE abandonara el marxismo en sus postulados ideológicos y pasara a convertirse inequívocamente en un proyecto socialdemócrata. González dimitió y debió convocarse un congreso extraordinario que finalmente aceptó la reforma ideológica. «Compañeros, hay que ser socialistas antes que marxistas», subrayó Felipe González, reelegido de nuevo secretario general por una abrumadora mayoría, con Alfonso Guerra de vicesecretario general y Carmen García Bloise como secretaria de Organización. Lo aterrador del PSOE actual es su persecución mezquina de la discrepancia con la estrategia del secretario general, Pedro Sánchez; la descalificación inquisitorial de carácter supuestamente ideológico. Felipe González es de derechas, Alfonso Guerra es de derechas, Lambán es de derechas, Eduardo Madina es de derechas, Juan Lobato es de derechas, García Page es de derechas, Jordi Sevilla es de derechas. Todo el PSOE era de derechas hasta mayo del 2017. Lo más divertido – o alarmante -- es que entonces Sánchez era considerado más un socioliberal que un socialdemócrata, un esforzado pijo madrileño que los fines de semana se tomaba su vermú y que ejerció de chico para todo de otro progresista de tronío, Pepe Blanco. Por cierto, al día siguiente de su elección por la militancia Sánchez dictó una nota de prensa que decía que «la moción de censura (contra Mariano Rajoy) propuesta por Pablo Iglesias no cuenta con el apoyo ni del nuevo secretario general ni de la mayoría de los diputados socialistas». Al cabo de año y medio presentó la moción y la ganó, y en su discurso aseguró que convocaría elecciones cuanto antes. Cuanto antes, por supuesto, fue diez meses más tarde. Ya apuntaba maneras. Hoy disponemos felizmente de un gobierno muy, muy de izquierdas, con socialistas con gemelos de hoz y martillo como Félix Bolaños, Óscar López, Oscar Puente, Carlos Cuerpo, Fernando Grande Marlasca, Margarita Robles y otros heroicos rojazos por cuyas venas solo circula sangre obrera.Pedro Sánchez llegó a los cielos de Ferraz cuando los socialistas, desanimados, pensaban que les quedaban todavía muchos años en la oposición. Que el nuevo secretario general consiguiera recuperar el poder tan pronto sin ni siquiera ganar unas elecciones pareció prodigioso y le concedió un plus de legitimidad sustancial. Les ha regalado siete años y medio en el poder: existen dos promociones socialistas – Torres es una y Nira Fierro puede representar la otra – que le deben cuanto son, porque resultan inimaginables sin el sanchismo: su carrera política está ligada a la continuidad del secretario general y su cultura de partido, con su sentido polpotiano de la sumisión al líder, su alergia a la pluralidad, su consideración pecaminosa del disenso, su concepción binaria de la política y la sociedad, su confusión nada inocente entre políticas sociales y políticas asistenciales. A los militantes de a pie Sánchez les regala eso que siempre han querido: un presidente de izquierdas que los represente, sobre todos, a sí mismos, y que los atienda prioritariamente: primero a la militancia que lo adora, luego al resto de la izquierda y, si votan como es debido, a la sospechosa sociedad española. Nada de conciliar los intereses de la mayoría, nada de gobernar para todos: gobiernas y sobre todo parloteas para nosotros, para nuestro sagrado derecho de sentirnos de izquierdas. Si para seguir ahí debes manipular y anular el partido, arruinar las instituciones democráticas y fundar un nuevo autoritarismo hazlo, porque después de tí solo habrá oscuridad.Suscríbete para seguir leyendo