
carasycaretas.com.uy · Feb 22, 2026 · Collected from GDELT
Published: 20260222T131500Z
Suscribite Caras y Caretas Diario En tu email todos los días La temporada que termina deja evidenciados varios problemas que las autoridades locales y nacionales deberán resolver en corto tiempo si es que a futuro inmediato se quiere mantener al turismo como una de nuestras principales fuentes de ingresos. Mientras el Ministerio espera el fin de febrero para difundir sus primeras cifras oficiales sobre visitantes e ingresos, a través de la Dirección Nacional de Migraciones (DNM) ya sabemos que vinieron menos argentinos que el año pasado. Según información que proviene de la Cámara de Turismo y ellos, a su vez, la obtuvieron de la DNM, en enero ingresaron menos argentinos; en cambio, creció el número de uruguayos, brasileños y europeos. Aún así, no se compensa la caída del número de nuestro principal proveedor. En total en enero entraron a Uruguay 765.000 visitantes, aproximadamente un 5 % menos que el año pasado en el mismo período. Los argentinos fueron un 15 % menos; en cambio, entre todos los otros orígenes se registró un aumento del 10 %. En números redondos se puede decir que, en cuanto a cantidad de visitantes, esta temporada fue muy similar a la del año pasado, pero muy lejos de las expectativas de los operadores y las autoridades. Y por supuesto muy lejos de los números récords obtenidos en los años 2010 y 2017. Se estima que los ingresos de divisas estarán en el mismo rango de la temporada 2025, cuando el turismo generó 2.040 millones de dólares. Salvo un cataclismo como el vivido con la pandemia, esta parece ser una situación consolidada, a futuro todo puede ser crecimiento. Pero las autoridades departamentales, tanto la de Maldonado como la de Rocha, y las nacionales están obligadas a resolver algunos de los graves problemas que se vivieron este verano. La inseguridad, el tránsito, los servicios públicos, el transporte urbano de pasajeros, las carencias de entretenimientos son algunos de los problemas planteados para sostener la actividad turística. Si bien Rocha y Maldonado tienen diferencias importantes, varios de los problemas son comunes. Los turistas que eligen las playas rochenses son mayoritariamente uruguayos; en cambio, la mayoría de quienes llegan a Maldonado son extranjeros. Eso plantea costumbres y estilos de vida diferentes. En Rocha debe haber muy pocos clientes que paguen 200 dólares por cubierto en un restaurante, mientras que en Punta del Este hay varios establecimientos para ese público. La hotelería rochense está muy poco desarrollada, pero allí los uruguayos encuentran alquileres accesibles a sus bolsillos y en medio de una naturaleza sublime. En Punta del Este son difíciles de encontrar las dos cosas. El desarrollo inmobiliario le ha pasado por arriba a toda la franja ubicada en primera línea frente al mar. Hay zonas que ya se parecen a Pocitos. Seguramente el alto costo de veranear en el principal balneario uruguayo estuvo también como motivo de la menor llegada de visitantes argentinos. A mediados de enero, Martín Pittaluga, fundador y copropietario de La Huella, uno de los mejores restaurantes del Este, se quejó públicamente por el nivel de precios en José Ignacio. “Se fueron al carajo”, dijo al diario Clarín. Su crítica abarcaba tanto a los vendedores de choclos en la playa como a la hotelería que “sube los precios en función de la demanda”. “Me preocupa que nos pasemos de rosca y que José Ignacio se convierta en un lugar exclusivísimo donde solamente puedan vivir y veranear los ricos”, dijo Pittaluga, y agregó: “Estoy indignado con los precios. Para mí es indecente la voracidad de la especulación de precios que hay en el casco histórico de José Ignacio”. Como para dar razón a las críticas del empresario compatriota, a unos kilómetros, en un boliche que solo funciona en enero, se cobraba 30 dólares por una lata chica de cerveza y un choripán. También fue crítico con el desarrollo inmobiliario del lugar. “Hay una locura de barrios cerrados. Me preocupa el exceso sin pensar ni medir las infraestructuras que tenemos aquí en la zona. No me gusta tanta construcción”. Según informó la Intendencia de Maldonado, entre el 2015 y el 2025 se aprobaron 5.000.000 de mts2 de construcción en todo el departamento, pero mayoritariamente sobre o cerca de la costa. En un lugar donde no existe un plan director de urbanismo y uso del suelo y, para peor, la Junta Departamental ha aprobado excepciones escandalosas, como autorizar 18 pisos en una zona donde la ordenanza vigente solo permite cuatro, la preocupación de Pittaluga no es ociosa. Sobre todo por los nuevos y múltiples problemas que se han generado. El caos en el tránsito El tramo entre Punta del Este y Maldonado, que durante casi todo el año se recorre en no más de 10 minutos, llevaba media hora y hasta más. Acceder a Gorlero es un problema cada verano, pero este verano el caos comenzaba mucho antes. “Tienen que resolver esto”, dijo un turista argentino a Caras y Caretas, “no puede ser que para ir a la playa demore media hora o más; otro tanto para ir al super, y ni te digo si se nos ocurre ir a La Barra o a Punta Ballena. Venimos 15 días a descansar y, si sumo, por lo menos dos días enteros los pasé embotellado en el tránsito”. El parque automotor tiene un crecimiento constante porque, a los turistas que mayoritariamente vienen con su vehículo, hay que sumar a los locales. La Intendencia informó que en los últimos tres meses se empadronaron unos 400 nuevos vehículos por semana. Las principales vías de tránsito son las mismas desde hace por lo menos 30 años. Y aunque se han ensayado diferentes soluciones, como flechados y rotondas, el crecimiento edilicio pone en jaque la circulación vial. Un buen ejemplo es el World Trade Center construído sobre Gorlero frente a la Escuela 5 de Punta del Este. Cuando esa zona franca esté funcionando a pleno, entre 300 y 500 automóviles saldrán a la misma hora. El problema es que tienen un solo lugar por donde hacerlo y es cruzando Gorlero hacia la Playa de los Ingleses. Imaginen una cola de 20 cuadras. Los padres que vayan a las 17 horas a buscar a sus hijos a la escuela tal vez tengan que esperar hasta una hora para poder cruzar. Nadie ha pensado en soluciones para el tránsito automotor que se va a generar cuando el Complejo Cipriani esté pronto. Entre el hotel, el casino, el centro de convenciones, el shopping, el teatro y los propietarios de los aproximadamente 200 apartamentos, seguramente más de mil automóviles se moverán en ese entorno. ¿Cómo será el ingreso a la costanera?, ¿han pensado vías alternativas?, ¿quién las pagará?, ¿cómo se cruzará a la playa?, ¿habrá puente en altura o subterráneo? El caos vehicular ha motivado muchísimos y graves accidentes de tránsito que dejaron fallecidos y lesionados de entidad. Tal vez llegó el momento de que Gorlero sea peatonal, dejando las calles transversales para quienes viven en la zona. El siguiente problema es que, para que ello sea una solución, se deben crear amplias zonas de estacionamiento cercanas, o con pequeños autobuses que acerquen a los turistas. Las autoridades departamentales deberán resolver que el transporte público de pasajeros sea más eficiente y más barato. Este servicio tiene prácticamente la misma estructura desde hace 30 años. El problema es que en ese lapso la población permanente se duplicó. Durante una entrevista radial, antes de fin de año pasado, Alejandro Ruibal, presidente de la Cámara de la Construcción, dijo que “una solución sería la construcción de un tren que una San Carlos con Punta del Este”. La idea fue rechazada de plano por los empresarios transportistas. Sin embargo, debería ser estudiada porque, entre otras cosas, prácticamente en todo ese trayecto hay un amplio cantero central que favorece la instalación de las vías y paradas. Si bien nunca se difundió la cantidad de boletos que se venden a diario entre ambas ciudades, sí se sabe que el año pasado se vendieron 15.000 abonos estudiantiles. Por supuesto que, si el servicio fuera barato y eficiente, se sacarían muchísimos vehículos de la circulación diaria. La violencia cotidiana Un factor que preocupa a las autoridades es la violencia generalizada. A tono con el estado que se vive en el mundo entero, también el tránsito ha sido motivo para acciones violentas. La más difundida fue la imagen de una conductora argentina que se bajó con un bate de béisbol, aunque no lesionó a nadie. En cambio, tomarse a golpes de puño fue bastante frecuente entre conductores enfurecidos. Varios operadores gastronómicos dijeron que más de una vez tuvieron que intervenir en los primeros días de enero porque “hubo gente que, en las colas que se formaban, se agarraban a castañazos”. Por la misma fecha hubo barras de jóvenes, hombres y mujeres que se enfrentaron a golpes en la playa de Parada 3 de La Mansa. Tuvo que intervenir Prefectura en más de una oportunidad. Luego se constató que en la zona del Emir había barras que se enfrentaban lanzándose bengalas. La inseguridad como problema Tal vez como nunca, la Policía de Maldonado fue muy eficiente este verano para combatir el tráfico de drogas. Prácticamente no pasa un día sin que haya operativos, tanto en Maldonado como en San Carlos y Punta del Este. Varias bandas han sido desmanteladas, sus integrantes formalizados y condenados, hubo muchas incautaciones. Pero por otro lado se registró un número muy importante de robos y rapiñas. Si bien no se registraron robos impactantes, hay casos que preocupan y mucho, como el de los escaladores que irrumpieron este año. La Policía ha mostrado un alto nivel de eficiencia, porque son muy pocos los delincuentes que lograron burlar la acción de los uniformados. Según datos extraoficiales, la Cárcel de Las Rosas tiene unos 100 nuevos habitantes y otro tanto con medidas cautelares. Como problemas a resolver: 1) Maldonado necesita muchos más policías; 2) el Centro de Videovigilancia necesita una puesta a punto, porque muchas cámaras no funcionan. Este año pasó a la órbita del Ministerio del Interior, que debe