diariopalentino.es · Feb 22, 2026 · Collected from GDELT
Published: 20260222T143000Z
La trayectoria profesional del técnico de Cultura del Ayuntamiento de Aguilar de Campoo, Jorge Sanz Pulido (Valladolid, 1963), está a punto de llegar a su fin. Premiado en varias ocasiones, recibió el galardón al mejor profesional de la gestión cultural de Castilla y León en 2019 y ha sido el responsable del Aguilar Film Festival (AFF) y de otros certámenes celebrados en la villa galletera, como el Encuentro Internacional de Artes de Calle (ARCA).¿Cómo surgió la idea de organizar el festival de cortometrajes de Aguilar de Campoo? La idea nació casi como una intuición sencilla: si Aguilar tenÃa una programación estable de cine y un público fiel, ¿por qué no dar un paso más y convertir esa afición en un festival que situara a la localidad en el mapa cultural?A finales de los ochenta, el cortometraje era un formato que apenas tenÃa espacios de exhibición, y quisimos crear un lugar donde esos trabajos pudieran verse, compartirse y debatirse, ofreciendo una ventana estable a nuevos creadores desde un lugar pequeño, pero con mucha personalidad y ganas de hacer las cosas bien. El impulso inicial vino de un grupo de personas vinculadas al mundo cultural y audiovisual que veÃan el potencial de Aguilar como un punto de encuentro. El cine siempre habÃa estado presente en la vida local, pero faltaba un espacio especÃfico para los nuevos creadores. Lo que empezó como una aventura entre amigos se convirtió con los años en una cita imprescindible dentro del panorama cinematográfico español.¿Cómo fueron los comienzos de la muestra?Los inicios fueron muy humildes: pocas pelÃculas, recursos muy ajustados y mucha voluntad, con un equipo pequeño que hacÃa de todo, desde programar hasta pegar carteles. Aun asÃ, desde el principio se cuidó la selección, el trato a los cineastas y la relación con el público local, y eso fue creando un clima de confianza que permitió que el festival creciera año tras año. Con el tiempo, la muestra fue profesionalizándose, atrayendo a más cineastas, incorporando nuevas secciones, jurados y actividades paralelas, pero siempre manteniendo esa esencia cercana, esa relación directa con los autores y con el público. ¿Y cómo ha llegado la muestra a la actualidad?El festival de cine ha llegado hasta hoy adaptándose permanentemente: profesionalizando la programación, incorporando nuevas secciones, apostando por la educación de públicos y conectándose con la industria sin perder el carácter cercano. El secreto ha estado en adaptarse sin perder identidad. El cine ha cambiado profundamente: nuevos formatos, nuevas plataformas, nuevas maneras de producir y consumir. Pero el corto sigue siendo un territorio de libertad artÃstica, de riesgo y experimentación. El festival ha sabido leer esos cambios, asumir la transformación digital, abrirse a nuevas narrativas y mantener el compromiso con los creadores. Esa conexión entre tradición y modernidad ha permitido que Aguilar siga siendo un referente, un espacio donde el cortometraje se vive con pasión y respeto. Ese proceso lo ha convertido en un referente del cortometraje en España, en un festival calificador para los Premios Goya y con una asistencia de público muy por encima del tamaño de la localidad. ¿Cuáles son los recuerdos que rememora con mayor agrado?Hay muchos. Recuerdo con especial cariño las primeras visitas de directores que hoy son nombres consagrados y que entonces apenas empezaban. Ver cómo volvÃan años después, ya con trayectorias consolidadas, y seguÃan hablando del festival con emoción, es algo que me llena de orgullo. También las conversaciones informales en el cine, las sobremesas compartidas, las charlas improvisadas con actores, técnicos, guionistas… esos encuentros sinceros en los que se respira amor por el cine. En definitiva, los momentos en que el festival se convierte en familia.También han sido muy especiales los homenajes a intérpretes y cineastas que admiras desde joven y que, cuando llegan al Cine Amor, se sienten en casa, se mezclan con el público y te hacen notar que el festival ha conseguido algo que va más allá de proyectar pelÃculas. ¿Y alguno que le entristeció?Lo que más entristece, más que un episodio concreto, es el recuerdo de la gente que se ha ido por el camino: compañeros de equipo, colaboradores, artistas y amigos que han formado parte de la historia del festival y ya no están. Cada pérdida deja un vacÃo, pero también la sensación de haber compartido algo hermoso juntos.También duele cuando una crisis económica o institucional amenaza la continuidad del proyecto, porque sientes muy de cerca la fragilidad de algo que ha costado décadas construir. Pero incluso en esos tiempos, el cariño del público y del sector sirvió de impulso para seguir adelante. ¿Qué caracterÃsticas han hecho que el AFF lleve más de tres décadas en funcionamiento?El AFF ha resistido más de tres décadas gracias a una mezcla de visión clara, estabilidad institucional, trabajo de equipo y una fuerte implicación del tejido local, desde las administraciones hasta las empresas y el público. Creo que una de las claves y su mayor virtud es la coherencia. Aguilar ha crecido con paso firme, sin perder nunca su compromiso con el cine de autor, con el cortometraje entendido como arte. Ha habido constancia, sensibilidad y una fuerte implicación del equipo y de la localidad. Es un festival que se vive en la calle, en los bares, en las plazas. La relación entre cine y comunidad no es impostada: mucha gente lo siente como algo propio. Además, el festival ha mantenido su mirada internacional sin renunciar a su escala humana, algo que lo diferencia de otros certámenes.¿Qué lo hace singular frente a otros certámenes?Su singularidad está en ese equilibrio entre exigencia artÃstica e identidad con el territorio: es un festival internacional, calificador para los Goya y con cineastas de primer nivel, pero se vive en salas pequeñas, calles reconocibles y una proximidad que muchos invitados consideran única. ¿Qué futuro le espera al Aguilar Film Festival?Un futuro ilusionante. El festival está en buenas manos, con un equipo joven y comprometido que entiende su historia y quiere seguir innovando. Lo importante será mantener el equilibrio entre lo local y lo global, seguir siendo un punto de referencia para los cortometrajistas y un motor cultural para Aguilar. Las plataformas, las redes y las nuevas formas de distribución plantean retos, pero también oportunidades. El AFF tiene aún mucho camino por recorrer. El festival tiene por delante un futuro sólido si mantiene sus señas de identidad y sigue creciendo en internacionalización, industria y formación de nuevos públicos. Hay margen para atraer más cineastas de otros paÃses, reforzar los encuentros profesionales y profundizar en lÃneas como la igualdad, la educación y la innovación, sin perder nunca el arraigo en Aguilar. Pese a que aún le quedan unas semanas para alcanzar la jubilación, ya le han llegado las muestras de cariño del sector. Incluso desde Madrid, en la celebración del DÃa Más Corto.Es muy emocionante recibir tanto cariño cuando aún estás en activo, porque te permite cerrar una etapa con conciencia de lo construido y agradecérselo a la gente en persona. Que ese reconocimiento llegue también desde fuera, en citas como el DÃa Más Corto en Madrid, confirma que lo que se ha hecho desde una localidad pequeña ha tenido impacto real en el sector del cortometraje español.Cambiando de tema, desde el Ayuntamiento de Aguilar también organizan un festival destacado en la provincia en su campo artÃstico, el Encuentro Internacional de Artes de Calle (ARCA) . ¿Cómo surgió esta actividad?ARCA nació de la voluntad de acercar las artes de calle y el teatro al aire libre a nuestro entorno, de llenar plazas, parques y rincones con creatividad. QuerÃamos que la cultura saliera al encuentro de la gente, que no se limitara a los espacios cerrados. En cierto modo, responde al mismo espÃritu que el festival de cine: hacer de Aguilar un lugar de encuentro entre artistas y público. Al principio, se trataba de una programación sencilla, pero con el tiempo se consolidó como un referente regional y estatal, con compañÃas nacionales e internacionales. Su crecimiento demuestra que el arte en la calle tiene un enorme poder de conexión.Después de 31 ediciones, ARCA se ha consolidado como el festival de artes de calle más veterano de Castilla y León, generando un impacto cultural y social clave en la Montaña Palentina.¿De qué otros eventos está orgulloso de Aguilar?De muchas. Aguilar ha conseguido algo casi único: tener una programación cultural viva durante todo el año. Si pienso en el Festival de Artes Escénicas, el Encuentro de Artistas o la labor que se hace desde sus asociaciones culturales, veo un tejido muy rico y diverso. También me enorgullece ver cómo los jóvenes se implican, cómo participan y cómo el pueblo responde a cada propuesta. Ese compromiso ciudadano es un logro compartido, prueba del valor que tiene la cultura como elemento de cohesión. Aguilar puede presumir de una programación cultural muy constante a lo largo del año, con cine, teatro, música y propuestas vinculadas al patrimonio que van mucho más allá de las grandes citas.La villa cuenta con una programación cultural muy viva y variada, que incluye eventos consolidados como el Galleta Rock Fest, que ha sabido captar la energÃa del rock estatal en un ambiente festivo y cercano, o el festival Aescena, que trae artes escénicas de calidad al Cine Amor, sin olvidar el Carnaval de la Galleta que conseguimos que obtuviera la declaración de interés turÃstico regional.Estoy orgulloso también de iniciativas como ARCA, que, desde hace más de treinta años, transforma las calles en escenario internacional de circo, teatro y danza. Por el camino se quedaron proyectos valiosos como Aguilar Folk, Aguilar Jazz, Trovaguilar, la Cita de Músicos Callejeros, Festiclown, CortoCircuito, el Encuentro de Cometas o el Mercado Medieval entre otros eventos, que enriquecieron la oferta cultural en su mom