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blogs.elconfidencial.com · Feb 18, 2026 · Collected from GDELT
Published: 20260218T051500Z
Si Vox está poniendo patas arriba la política española es porque ha llegado con algo que cada vez iba escaseando más en ella: los principios. No tienen muchos, pero los tienen clarísimos. El partido de Santiago Abascal tiene clara su postura ante el feminismo, la inmigración y la lucha contra el cambio climático. Todo mal. No necesitan muchos matices, les sobra contundencia. Y en tiempos de tanta incertidumbre, está claro que cada vez más gente valora saber a qué atenerse. No hay más que ver cómo va creciendo Vox en las últimas citas electorales de Extremadura y Aragón. A cada vez más votantes les da igual si esas soluciones que propone Vox son viables o no. Es lo bueno de los principios. Ni siquiera se les exige viabilidad en el mundo real. Tener principios significa actuar siguiendo valores y convicciones firmes, en lugar de hacerlo por conveniencia, interés personal o presión del momento. Por eso cuando hace dos años la presidenta de Extremadura, María Guardiola, dijo que ella no traicionaría sus principios y nunca pactaría con Abascal, que antes de hacer tal cosa se iría a su casa, pareció que tenía principios. Luego ya vimos que no. Guardiola gobernó con Vox. Luego la dejaron sola y, tras las últimas elecciones extremeñas, en cuya campaña cargó duramente contra Vox por considerarlo contrario a los intereses de los extremeños, contra la Constitución, ahora lo quiere en su Gobierno. Con Guardiola está quedando demasiado claro que el PP es capaz de defender una cosa y la contraria la misma semana. Puede considerar a Abascal un señoro machista o entender que su feminismo es igualito que el del PP. Todo sea por el pragmatismo, que diría Sánchez. A los principios se les exige coherencia, no cambiar solo por un cargo o para agradar a ciertos votantes. También estar dispuesto a asumir costos por defender lo que se considera correcto. Tener principios es lo contrario del pragmatismo. Y justo lo contrario de lo que está haciendo el PP en sus negociaciones con Vox, que cada vez se parece más a lo que hizo el PSOE primero con Podemos y luego con Junts. Llevamos tantos años viendo desvanecerse los principios en nombre de la gobernabilidad que ha hecho falta que María Guardiola se contradiga de forma bochornosa para que llame la atención tanta incoherencia. El problema no es cambiar de opinión. Cambiar de opinión en política, sobre todo, en medio de una negociación, debería ser algo habitual y perfectamente saludable en democracia. En eso consiste buscar el entendimiento en la pluralidad de opiniones. Los principios son otra cosa. Son el perímetro que cada uno marca para definir las claves de sus ideas y que los votantes sepan a qué atenerse. Los principios entran dentro de lo no negociable. Para Sánchez eran innegociables los indultos y la amnistía hasta que dejaron de serlo. Sacrificó los principios por el pragmatismo. Así que tan rojas esas líneas rojas no eran. María Guardiola dice ahora que se enorgullece de su pacto con Vox en el 23. Ese pacto que dijo que nunca haría ahora le enorgullece. Necesita pactar con Abascal y de hacerle ascos ha pasado a fingir que le encanta la idea. Y Vox no se ha visto en otra, claro. Tiene a la ganadora de las elecciones donde quiere: reconociendo que los necesita más que a sus principios. Y Vox no ha tenido que renunciar, para que Guardiola diga eso, a ninguno de los suyos. Opinión TE PUEDE INTERESAR ¿Por qué Vox se vende tan caro? Antonio Casado Abascal sigue defendiendo lo mismo que cuando la presidenta extremeña le acusaba de deshumanizar inmigrantes, tirar a la papelera los derechos LGTBI y negar la violencia de género. Vox no ha cambiado nada de ese ideario que, por otra parte, Guardiola definió a la perfección. ¿Qué ha pasado con los principios del PP? Sería injusto afearle solo a Guardiola su incoherencia, ella simplemente es la que más claro la ha dejado diciendo en alto una cosa y la contraria demasiado seguido como para que pase inadvertido. Pero también Génova ha cambiado sus posturas. En 'Más de uno', el programa de Carlos Alsina en Onda Cero, Alberto Núñez Feijóo y Miguel Tellado dijeron que no estaban dispuestos a gobernar con Vox. Pero eso era antes. Ahora lo que se lleva no son los principios sino el pragmatismo. A esto Sánchez nos lleva ocho años acostumbrando, así que ya sabemos cómo va. Consiste en decir que es lo que ha votado el pueblo. Que el pueblo quiere cambio. Y que lo que se le prometió no cuenta tanto como un bien superior que, curiosamente, siempre coincide con conseguir un cargo. Falta por explicar si el PP ha cambiado los principios que antes le impedían gobernar con Vox, porque los veía contrarios a los intereses de los españoles, o si es que nunca fueron tales. Porque Vox sigue defendiendo lo mismo. El sanchismo lo tiene mucho más fácil que los populares para gestionar incoherencias. No solo por llevar años de ventaja en la práctica, también porque el PSOE ha ido perdiendo prácticamente todo su poder territorial y concentrando el poder orgánico en Pedro Sánchez. Ser pragmáticos en el socialismo actual consiste en hacer lo que a Sánchez le venga bien para seguir en Moncloa. Pero para el PP, que acumula cada vez más poder territorial y más dependiente de Vox en unas regiones que otras, es cada vez más difícil compaginar unos intereses con otros. La postura frente a Vox que defienden Juanma Moreno en Andalucía o Alfonso Rueda en Galicia no es la que escuchamos a María Guardiola en Extremadura ni a Jorge Azcón en Aragón. No es lo mismo gestionar una mayoría absoluta, o aspirar a ella, que negociar una victoria electoral envenenada que les ha vuelto más dependientes a los de Abascal. Así que donde antes hubo principios, ahora hay pragmatismo. Pero solo a ratos. A ver si el problema no es solo cuestión de principios, sino de liderazgo. Si Vox está poniendo patas arriba la política española es porque ha llegado con algo que cada vez iba escaseando más en ella: los principios. No tienen muchos, pero los tienen clarísimos. El partido de Santiago Abascal tiene clara su postura ante el feminismo, la inmigración y la lucha contra el cambio climático. Todo mal. No necesitan muchos matices, les sobra contundencia. Y en tiempos de tanta incertidumbre, está claro que cada vez más gente valora saber a qué atenerse. No hay más que ver cómo va creciendo Vox en las últimas citas electorales de Extremadura y Aragón.