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elconfidencial.com · Mar 1, 2026 · Collected from GDELT
Published: 20260301T061500Z
Ricardo Hausmann (Venezuela, 1956) es director del Growth Lab de la Universidad de Harvard y execonomista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo. Fue ministro de Planificación de Venezuela y Jefe de la Oficina Presidencial durante el Gobierno de Carlos Andrés Pérez. Ha dedicado décadas a explicar cómo funcionan engranajes de la prosperidad en Latinoamérica y es una de las voces de referencia para narrar el colapso económico de su país natal. Hablamos con él durante algo menos de una hora en la Fundación Rafael del Pino en Madrid. PREGUNTA. Me gustaría empezar con una pregunta abierta. ¿Cómo ve la economía de Venezuela a medio plazo y quién cree que está dirigiendo hoy el país? RESPUESTA. Es una situación muy confusa, aunque está claro es que Estados Unidos tiene capacidad para imponer una cierta agenda sobre lo que ocurre en el país. Sin embargo, el régimen sigue teniendo libertad para interpretar esa agenda e implementarla a su ritmo y a su manera. Entre medias, queda muy poco espacio para que intervenga la fuerza mayoritaria del país, que es la que se opone al régimen. Es verdad que ha pasado relativamente poco tiempo desde el 3 de enero, pero no se ha articulado aún una estrategia de normalización institucional. Se viene hablando de las tres fases: estabilización, recuperación y, finalmente, transición política. Pero esto no aclara nada sobre el marco institucional. A mi este orden no me convence porque creo que no va a haber recuperación económica sin transición política. Y cuanto más rápido se haga la transición, más rápida será la recuperación. Para que eso ocurra, se deberían estar haciendo hoy cosas que no se están haciendo. Se está posponiendo el cambio político y eso es preocupante. Insisto en que si se pospone la transición política, la transición económica nunca será completa. P. ¿Entonces no cree que pueda despegar la economía forzando reformas de mercado desde Washington? R. Venezuela es la catástrofe económica más grande de la historia fuera de periodos de guerra; de hecho, es una catástrofe mayor a la provocada por la mayoría de las guerras. Es más del doble del colapso económico asociado a la Guerra Civil Española. A España le tomó unos 12 años recuperar el PIB que tenía en 1935. Nosotros ya llevamos 12 o 13 años de colapso y estamos un 75% por debajo de donde arrancamos. Esta es una catástrofe de magnitudes mucho más grandes. Y ocurrió porque a los venezolanos les quitaron sus derechos, y sin derechos la economía no funciona. Ahora se pretende recuperar la economía sin devolver esos derechos, y eso no va a convencer ni al capital financiero ni al capital humano. En los Pactos de la Moncloa participó todo el mundo. Aquí no hay ningún mecanismo de participación donde se pueda expresar la opinión mayoritaria de los venezolanos P. Hablemos de petróleo. ¿Se puede recuperar la industria petrolera venezolana? ¿Entrarán las empresas norteamericanas a invertir? Algunas se han mostrado abiertamente reacias a hacerlo por la inseguridad jurídica, por miedo a que no sea rentable, etcétera. R. Probablemente algunos acabarán entrando, pero para que Venezuela viva una recuperación importante de la producción petrolera debe haber una transición política previa. Es necesario un marco institucional confiable y una asignación de contratos competitiva. Eso sí atraería a empresas de mayor nivel. Eso reduciría el riesgo país y dejaría una renta gravable más alta para la nación. En cambio, empresas de segundo rango y Chevron parecen preferir el ambiente turbio y poco transparente porque creen que ahí pueden jugar mejor, en un entorno que limita la competencia. Ese es el juego al que han estado jugando. Intentar forzar el tema petrolero antes de la transición política le hará un daño a largo plazo a Venezuela. P. Desde la Administración Trump se justifica el pacto con Delcy Rodríguez bajo el prisma del "realismo", argumentando que la oposición no tiene la capacidad de tomar las riendas. Se ha hablado alguna vez, incluso lo ha hecho Marco Rubio, de llevar a cabo un proceso de transición, como ocurrió en España. R. En los Pactos de la Moncloa participó todo el mundo. Aquí no está participando nadie. No hay ningún mecanismo de participación donde se pueda expresar la opinión mayoritaria de los venezolanos. Aquí está Delcy negociando con Trump de espaldas al país. No existe ningún marco institucional que se asemeje a lo que ocurrió en España. Yo no tengo tanta fe en que esto prospere hacia una transición por sí solo; pero la fe no es mi especialidad. Hace falta que la mayoría política se exprese, defina sus prioridades y se movilice para que se cumplan. No podemos pararnos a rezar para que alguien nos escuche. La tarea de la oposición no es esperar una solución exógena. Hausmann durante su entrevista con El Confidencial en la Fundación Rafael del Pino. (A. M. V.) P. El pretexto de la operación de Trump ha sido la lucha contra el narcotráfico y el Cartel de los Soles. ¿Qué impacto real tiene el narcotráfico en la estructura del régimen? R. Para América Latina, el narcotráfico no es solo un problema de salud pública o adicción. El problema es que ha financiado organizaciones criminales internacionales con capacidad de destruir el aparato del Estado y cambiar la gobernabilidad, como vemos estos días en México. En Venezuela, el Estado no ha competido con las organizaciones criminales; se ha aliado con ellas. Las ha capturado, usado y asociado. El Cartel de los Soles es una realidad que involucra a gente de las Fuerzas Armadas, gente que ha estado usando el territorio y creando espacios seguros para el narcotráfico. Es un problema de seguridad nacional gravísimo. P. ¿Y cree que la operación de Trump ha acabado con ese problema? R. Como el régimen se ha aliado con organizaciones criminales —muchas de origen colombiano que se mudaron a Venezuela—, si Venezuela se pone de verdad dura, estas simplemente regresan a Colombia. No hemos tenido la oportunidad de que Venezuela, Colombia y Ecuador se coordinen bajo un mismo tinte político para ganar la batalla. Eso sí podría ser definitivo. Ahora tenemos a Daniel Noboa en Ecuador con un frente caliente, pero en Colombia hay un gobierno extraño que, bajo la política de "paz total", ha permitido un boom de producción de coca, que está en máximos. Hasta ahora, han contado con la ayuda del gobierno de Venezuela. Por eso, no es un problema que se resuelva interviniendo solo en un país. P. Mirando a la región, ¿cuál es su pronóstico para Cuba? ¿Bastará con la presión económica y el bloqueo petrolero para tumbar el régimen castrista? R. Espero que haya un cambio, sería una noticia gigantesca porque desde Cuba se perfeccionó la tecnología represiva que controla gran parte del estado venezolano. Pero creo que con pura presión económica no bastará. La presión económica debilita al gobierno, pero también a la sociedad, y no queda claro que cambie el poder relativo entre ambos. Esa es la lección de Venezuela: el colapso económico no implicó el colapso del régimen porque la sociedad se debilitó más rápido y la gente optó por marcharse. Tendrá que haber algo más, incluyendo presión interna. P. Sobre la diáspora venezolana y la cubana, ¿cree que regresarán si las condiciones mejoran en sus países? R. Las diásporas impactan al país no solo cuando regresan, sino a través de los vínculos económicos, comerciales e intelectuales que dejan. Se convierten en un activo. Los republicanos españoles que fueron a América Latina tuvieron carreras distinguidas y, aunque muchos no volvieron por lo que duró el franquismo, sus hijos sí lo hicieron y España hoy comercia e invierte más gracias a esos vínculos. Venezuela terminará siendo uno de los países más cosmopolitas del mundo. La diáspora conoce dos mundos y puede arbitrar entre ellos, acelerando la inserción tecnológica. Lo vimos en China: quienes invirtieron tras la apertura de Deng Xiaoping fue la diáspora de Hong Kong, Taiwán y el sudeste asiático.... Esa dinámica estará muy presente en el futuro de Venezuela. Para China, Venezuela es una "mancha negra", lo peor de su política de asistencia al desarrollo. Sus empresas desinvirtieron y se fueron porque Venezuela es un desastre P. Mencionaba a China. Históricamente han sido un gran aliado del chavismo. ¿Ha cambiado esa relación? R. Mi interpretación es distinta a la habitual. Rusia, Cuba e Irán sostuvieron al régimen, pero China hizo otra cosa. China le prestó más de 60.000 millones de dólares a través del Fonden. Entre eso, el petróleo y las reservas del Banco Central, se sumaron más de 120.000 millones de dólares para proyectos de inversión. Pero esos 120.000 millones no están por ningún lado; se los robaron. Nadie ha visto los proyectos que se iban a hacer con todo ese dinero. Para China, Venezuela es una "mancha negra", lo peor de su política de asistencia al desarrollo. Sus empresas petroleras, como Sinopec, desinvirtieron y se fueron porque Venezuela es un desastre. Incluso hubo gente en China que terminó en la cárcel por los chanchullos que hubo en Venezuela. Estratégicamente, China es un importador neto de petróleo y Venezuela un exportador; en un futuro con una Venezuela arreglada, los chinos tendrán apetito de invertir. Pero lo harán de forma más natural y de mercado, no de gobierno a gobierno como se hizo con Chávez. Estados Unidos no necesita el petróleo venezolano y China sí. No van a dejar de hacer negocios. P. ¿Y qué ocurre con Rusia? R. Venezuela se volvió tóxica para todos. Llevamos 27 años comprando armamento ruso y ahora han ordenado el retiro de los técnicos rusos. No sé cómo quedará ese aparataje militar. A los rusos se les dieron derechos sobre el gas costa afuera y no invirtieron ni un duro. El país era tóxico incluso para ellos. Ricardo Hausmann durante la entrevista (A. M V.) P. ¿Qué balance hace del papel que ha jugado España en estos meses y en los últimos años? R. Venezuela tiene una relación estrecha con España, pero está claro que la política de Pedro Sánchez no ha sido la más