
negocios.com · Feb 18, 2026 · Collected from GDELT
Published: 20260218T154500Z
Ginebra se convierte hoy en la capital diplomática del mundo, no por azar geográfico, sino porque dos de los conflictos más peligrosos del planeta —la guerra de Ucrania y el expediente nuclear iraní— se ventilan simultáneamente en la ciudad del lago Lemán, con los mismos interlocutores estadounidenses —Steve Witkoff y Jared Kushner— como brokers de una diplomacia inédita en alcance y audacia. A eso se suman, en el mismo día, el lanzamiento formal de los primeros proyectos del paquete de inversión nipona por valor de 550.000 millones de dólares en suelo estadounidense, las nuevas revelaciones sobre el presunto ensayo nuclear chino de 2020, y la confirmación —con portavoz del BCE desmintiendo al Financial Times en tiempo real— de que Christine Lagarde podría abandonar la presidencia del Banco Central Europeo antes de octubre de 2027. El telón de fondo de toda esta actividad diplomática y económica es un orden internacional en mutación acelerada: Rusia continúa bombardeando Ucrania mientras negocia en Suiza, Irán cierra provisionalmente el Estrecho de Ormuz durante maniobras militares mientras sus diplomáticos hablan de "principios rectores" con Washington, China niega haber realizado pruebas nucleares mientras expande su arsenal a una velocidad no vista en décadas, y Venezuela —tras la captura de Maduro a comienzos de enero— aún no consigue completar su transición democrática, con elementos duros del régimen enquistados en el poder. América Latina, el flanco más frágil del hemisferio occidental, vuelve a exhibir su debilidad institucional con el Perú, país que acumula ya ocho presidentes en diez años. No es un martes cualquiera: es una jornada que concentra, con rara intensidad, las líneas de fuerza que definirán la arquitectura de seguridad y la economía política del mundo en los próximos años. II. NOTICIAS MÁS IMPORTANTES DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS 1. Ginebra, capital diplomática: conversaciones Ucrania-Rusia y conversaciones nucleares EE. UU.-Irán en paralelo Hechos En una jornada sin precedentes en la diplomacia contemporánea, la ciudad de Ginebra albergó el 17 y 18 de febrero dos mesas de negociación de alcance histórico: la tercera ronda de conversaciones trilaterales EE. UU.-Ucrania-Rusia, y la segunda ronda de conversaciones indirectas EE. UU.-Irán sobre el programa nuclear persa. Ambas negociaciones fueron conducidas por la misma pareja estadounidense —el enviado especial Steve Witkoff y el yerno del presidente Donald Trump, Jared Kushner—, que se desplazó por la mañana a la misión permanente de Omán en Chambésy para abordar el expediente iraní, y después cruzó la ciudad hasta el hotel InterContinental para presidir las conversaciones sobre Ucrania. La imagen de ambos negociadores moviéndose entre dos de las crisis más explosivas del planeta en el mismo día resume bien la apuesta diplomática de la Administración Trump: concentrar poder de decisión, reducir burocracia y avanzar en calendario comprimido. En el capítulo ucraniano, Rusia y Ucrania se sentaron frente a frente en torno a una mesa en herradura, con la delegación ucraniana liderada por Rustem Umerov —secretario del Consejo de Seguridad y Defensa Nacional— y la rusa por Vladímir Medinski, asesor de Putin y conocido ultranacionalista que ya representó a Moscú en los frustrados diálogos de Estambul en marzo de 2022. Las conversaciones, calificadas por Moscú como "difíciles, pero de carácter empresarial" y por Kiev como centradas en "cuestiones prácticas y mecánicas de posibles soluciones", concluyeron sin ningún avance sustantivo, aunque sin ruptura formal. Antes de iniciarse las conversaciones, Rusia lanzó casi 400 drones y 29 misiles contra 12 regiones ucranianas, dejando decenas de miles de ciudadanos de Odesa sin calefacción ni agua corriente. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, denunció que los ataques refuerzan la imposibilidad de confiar en Moscú. Trump, por su parte, advirtió que "Ucrania debe venir a negociar rápido", añadiendo presión a Kiev sin ofrecer garantías proporcionales. En el frente iraní, el ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, describió las conversaciones como "serias, constructivas y positivas", afirmando que ambas partes han alcanzado "principios rectores" compartidos, aunque aclaró que el camino hasta un acuerdo será largo y complicado. La mediación omaní volvió a ser el canal. Crucialmente, justo al inicio de las conversaciones, Irán anunció el cierre temporal de partes del Estrecho de Ormuz por maniobras militares de sus Guardias Revolucionarios —una señal intimidatoria que no pasó desapercibida—, cerrando brevemente una vía por la que circula el 20% del petróleo mundial. Washington, por su parte, ha desplegado en paralelo un segundo grupo de combate de portaaviones en el Golfo, más de 50 cazas F-35, F-22 y F-16 en la región, y mantiene abierta la opción de la acción militar. La combinación de diplomacia y presión militar es explícita: se negocia con la sombra de un ultimátum. Implicaciones La simultaneidad de ambas negociaciones refleja la filosofía de la Administración Trump: resolver, o al menos gestionar, los dos principales focos de inestabilidad global antes del verano mediante una diplomacia de alta presión que combina zanahorias económicas con garrotes militares creíbles. Celebramos la ambición y el realismo de este planteamiento, muy superior al voluntarismo multilateralista que caracterizó a administraciones anteriores. En el caso ucraniano, sin embargo, nuestra posición es inequívoca: presionar a Kiev para que ceda territorios ilegalmente ocupados por Rusia no es realismo, es capitulación enmascarada de pragmatismo. El uso de la fuerza para modificar fronteras soberanas —como ha hecho Putin desde 2014— no puede recibir validación diplomática sin destruir los pilares del orden internacional basado en normas. Rusia atacó Kiev y Odesa mientras sus diplomáticos negociaban en Suiza: ese gesto lo dice todo sobre la buena fe de Moscú. En el caso iraní, el balance es más ambiguo pero no menos urgente. Que Teherán esté dispuesto a hablar de "principios rectores" es un avance mínimo, insuficiente para calificar la situación de promisoria. El régimen de los ayatolás ha demostrado sobradamente su habilidad para negociar tiempo mientras avanza en centrifugadoras. La posición de Washington de exigir el desmantelamiento del programa nuclear, el fin del desarrollo de misiles balísticos y el cese de apoyo a sus grupos terroristas interpuestos —Hezbolá, Hutíes, Hamas, milicias iraquíes— es la correcta. Cualquier acuerdo que no incluya estas tres patas será una victoria táctica para Teherán y una derrota estratégica para las democracias liberales de la región. Perspectivas y escenarios El mejor escenario en Ucrania sería un alto el fuego supervisado internacionalmente que preserve la integridad territorial de Kiev o cuando menos no consagre jurídicamente las conquistas rusas, combinado con garantías de seguridad sólidas —idealmente con compromisos de la OTAN o equivalentes— y un marco de reconstrucción ambicioso. El peor escenario, que se perfila como el más probable si la presión sobre Zelenski no se compensa con garantías equivalentes para Ucrania, es una congelación de facto del conflicto que Rusia utilice para rearmarse, reagruparse y relanzar la agresión en el momento oportuno. En Irán, el mejor escenario es un acuerdo robusto con verificación intrusiva de la AIEA y condicionamiento del alivio de sanciones a cambios verificables en el comportamiento regional. El peor, un acuerdo cosmético que otorgue a Teherán oxígeno económico sin compromisos reales, acelerando la proliferación nuclear en Oriente Medio. 2. Lagarde anuncia -y el BCE desmiente- su salida anticipada del Banco Central Europeo Hechos El Financial Times publicó en exclusiva este miércoles que Christine Lagarde planea abandonar la presidencia del Banco Central Europeo antes de que expire su mandato de ocho años en octubre de 2027. Según fuentes citadas por el rotativo británico, Lagarde desea que sean el presidente saliente Emmanuel Macron y el canciller alemán Friedrich Merz quienes supervisen la elección de su sucesor, anticipándose a la posibilidad de que Marine Le Pen o su aliado Jordan Bardella —quienes lideran las encuestas de cara a las presidenciales francesas de abril de 2027— tengan voz en ese nombramiento crucial. En cuestión de horas, un portavoz del BCE desmintió las informaciones, declarando que Lagarde "seguirá centrada en su misión". La noticia llega apenas diez días después de que François Villeroy de Galhau, gobernador del Banco de Francia, anunciara su propia renuncia anticipada, dejando también a Macron la posibilidad de designar a su sucesor. Entre los candidatos más sólidos para suceder a Lagarde figuran Klaas Knot, exgobernador del banco central holandés y considerado el candidato "Ricitos de Oro" por su equilibrio entre ortodoxia y pragmatismo; Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España; Joachim Nagel, presidente del Bundesbank; e Isabel Schnabel, miembro del Comité Ejecutivo del BCE. La negociación del sucesor, como en 2019 cuando Lagarde llegó al cargo en un acuerdo de última hora entre Macron y Angela Merkel, será inevitablemente un proceso político disfrazado de proceso técnico. Implicaciones La dimisión —confirmada o no— de Lagarde no se produce en un contexto de crisis monetaria aguda: la inflación ronda el objetivo del 2%, los tipos de interés se encuentran en nivel neutro y el crecimiento de la eurozona se acerca a su potencial. Eso facilita una transición técnicamente ordenada. Pero el riesgo no reside en la coyuntura económica, sino en la política. La captura del BCE por lógicas partidistas —el presidente de la institución más poderosa de Europa elegido no por su competencia sino por sus preferencias ideológicas respecto a la deuda, el gasto público o la independencia frente a los gobiernos— sería una amenaza directa a la credibilidad del euro y a la confianza de los mercados. Para un europeísta con