
expansion.com · Feb 24, 2026 · Collected from GDELT
Published: 20260224T030000Z
La izquierda radical no se puede plantear un nuevo liderazgo sin que se celebren unas elecciones primarias en las que participen los afiliados a todas las fuerzas que se sumen al proyecto. Yolanda D�az est� quemada.Las formaciones de la izquierda a la izquierda del PSOE escenificaron el pasado s�bado un nuevo movimiento de refundaci�n en un acto en Madrid en el que se pudieron ver m�s t�cticas electorales que un proyecto claro y definido. L�deres de Izquierda Unida, M�s Madrid, Movimiento Sumar y los Comunes hicieron un llamamiento a la unidad, bajo el lema de "Un paso al frente", e invitaron al resto de los partidos, incluido Podemos, a sumarse a una carrera para intentar evitar otro batacazo en las urnas cuando se celebren las pr�ximas elecciones generales.Con la ausencia de Yolanda D�az, cinco l�deres de la izquierda radical quisieron mostrar una cierta euforia, con sonrisas y abrazos, pero sin programa, ni liderazgo, ni marca. All� estaban Antonio Maillo, Lara Hern�ndez, Rita Maestre y los ministros del Gobierno M�nica Garc�a y Ernest Urtasun, que intervinieron a favor de la unidad de la izquierda y que no dudaron en criticar a los socialistas, con los que llevan a�os gobernando. Era todo demasiado teatral, dirigido a un p�blico que llen� las salas del C�rculo de Bellas Artes y que se dej� ilusionar por las arengas de sus l�deres.A los convocantes no les import� reconocer que el proyecto est� todav�a verde y que sin el concurso de los partidos de la izquierda nacionalista e independentista del Pa�s Vasco, Catalu�a, Valencia, Galicia y Baleares ser� dif�cil avanzar en las urnas. Unos d�as antes, el l�der de ERC en Madrid, Gabriel Rufi�n, se hab�a preguntado "�qu� hacemos?" y hab�a propuesto una especie de coalici�n plurinacional en la que todas las fuerzas concurrentes renunciar�an a presentarse en algunas circunscripciones para favorecer al partido con m�s posibilidades. Una idea que naci� muerta y que fue negada hasta por Oriol Junqueras, el jefe de Rufi�n en Barcelona.Tambi�n sobrevolaba en el hist�rico edificio de Madrid el fantasma de Podemos, que ya hab�a anunciado su rechazo a dar un paso al frente de la mano de Sumar, una formaci�n que los hab�a fusilado hace apenas dos a�os. Ione Belarra, Irene Montero y su mu�idor, Pablo Iglesias, hoy dedicado al activismo televisivo y tabernario, no quieren saber nada del proyecto. Prefieren permanecer como un grupo minoritario en las Cortes y ejercer una oposici�n dura y agresiva, aunque no habr�a que descartar su desaparici�n pol�tica en las pr�ximas elecciones si el resto de las fuerzas de la izquierda radical son capaces de agrupar una coalici�n potente y estructurada.A estas alturas, sigue siendo un misterio c�mo una fuerza pol�tica como Podemos ha sido capaz de pasar de 70 a cuatro esca�os. La respuesta hay que buscarla en uno de los principales males de la pol�tica en Espa�a: el hiperliderazgo de sus cabezas de lista. Si a eso unimos las luchas fratricidas entre unos l�deres a los que les importan m�s los egos y los puestos org�nicos que su propio proyecto, nos encontramos ante un suicidio colectivo como el sucedido en la formaci�n morada.Probablemente para evitar los egos y las luchas por el poder, los impulsores del acto del s�bado optaron por dejar para m�s adelante los nombres de las personas que liderar�n el proyecto, e incluso las siglas de los partidos que se sumar�n al mismo. Eso no quiere decir que algunos de los que subieron al escenario no tengan pensado optar al puesto.La idea es que cada uno de los cinco ponentes pronunciara el discurso que quisiera, sin negociaciones previas, ni coordinaci�n de mensajes. Lo �nico importante era despertar una cierta ilusi�n, incluso euforia, ante la posibilidad de volver a unir a las izquierdas para revertir el camino trazado hacia la irrelevancia. Todos hicieron un llamamiento a no resignarse, "a sacudirse la tristeza", y a buscar la mayor participaci�n. "Aqu� no sobra nadie", dijo M�nica Garc�a, "necesitamos cada voz, cada �tomo progresista en todos los espa�oles".Las m�s de 600 personas que llenaban la sala, y otras cientos en otra que tuvieron que habilitar, se mostraron entusiasmadas ante los mensajes de unidad. Era un p�blico entregado, pero que mostraba las carencias de la izquierda para poder recuperar el tiempo y el poder perdido. No hab�a j�venes. Tras las movilizaciones del 15-M, Iglesias y el resto de los fundadores de Podemos consiguieron movilizar a varios millones de j�venes desencantados e indignados con la pol�tica en Espa�a. Poco m�s de diez a�os despu�s, los votantes de entre 18 y 28 a�os no eligen las papeletas de la izquierda; ni siquiera las del PSOE. Las encuestas dan vencedor a Vox en ese tramo de edad, con un 38%.Esa ser� una de las tareas m�s importantes de este nuevo movimiento pol�tico, y de los socialistas, si aspiran a mantenerse en el poder tras las pr�ximas elecciones generales. Aunque para ello tendr�n que analizar los problemas que sufren los j�venes y lo que piensan respecto a los principales asuntos de inter�s general.Todos los estudios sociol�gicos muestran la derechizaci�n de una juventud que no se siente satisfecha por su situaci�n vital. Han tenido m�s oportunidades para educarse, pero no encuentran trabajos a la altura de su formaci�n, ni la posibilidad de emanciparse por la carest�a de la vivienda, tanto en compra como en alquiler. Y esa frustraci�n la pagan con quienes ostentan el poder, que son las izquierdas.Adem�s, los ideales que surgieron del 15-M ya no est�n presentes entre los j�venes. La igualdad, el medio ambiente e incluso el feminismo no est�n entre los valores m�s importantes de unas generaciones que buscan m�s el bienestar individual y la satisfacci�n de sus deseos de forma inmediata.Todo ello, movido por una avalancha de redes sociales en las que ni el PSOE ni los partidos a su izquierda han sabido penetrar. Por el contrario, los ultraderechistas de Vox incendian cada d�a las redes con noticias, verdaderas o falsas, sobre los problemas que viven los j�venes.Pasada la sacudida del s�bado, las fuerzas de izquierdas han vuelto a su d�a a d�a con sus dificultades de siempre. El primer problema, aunque no lo quieran reconocer, es estar en el Gobierno. Sus cr�ticas a determinadas decisiones oficiales carecen de credibilidad desde el momento en que ocupan cinco sillones en el Consejo de Ministros. Y todos sus logros en pol�ticas sociales, que son muchos, son opacados por la propaganda de La Moncloa. Pedro S�nchez quiere ser el protagonista de todo lo bueno que hace el Ejecutivo -la semana pasada se present� en la firma de la �ltima subida del Salario M�nimo Interprofesional (SMI)- y se escabulle h�bilmente cuando hay que dar la cara ante los problemas.Sin embargo, Sumar no tiene incentivos para salir del Gobierno. Las fuerzas de la izquierda necesitan tiempo para formular un programa electoral convincente, cre�ble y viable, adem�s de definir la estructura org�nica de la nueva coalici�n y elegir a quienes la vayan a liderar. A estas alturas, no se puede plantear un nuevo liderazgo sin que se celebren unas elecciones primarias en las que participen los afiliados a todas las fuerzas que se sumen al proyecto. Yolanda D�az est� quemada y el resto de los ministros tampoco presentan credenciales ilusionantes. Buscar un nuevo l�der es una tarea dif�cil, pero necesaria.