
redaccionmedica.com · Mar 1, 2026 · Collected from GDELT
Published: 20260301T211500Z
Pilar Rodríguez Ledo, presidenta de SEMG. Si hay algo que no escasea en el talante de Pilar Rodríguez Ledo es el optimismo. Un escudo que la presidenta de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) enarbola ante los numerosos retos que debe afrontar la especialidad en un nivel asistencial como es Atención Primaria que adolece de falta de recursos humanos y "económicos" y cruje bajo el peso de la carga asistencial y burocrática. Es por ello que anima a aprovechar las oportunidades de mejora que brindan estrategias como el Plan de Acción de Atención Primaria 2025-2028 o la irrupción del MIR de Urgencias, siempre y cuando, el enfoque sea el adecuado, las herramientas de evaluación correctas y el marco legislativo claro. Rodríguez Ledo no habla de números vacíos, sino de una especialidad que es, a la vez, escudo y cimiento de nuestra sanidad pública y que necesita, de forma urgente, puntales sólidos que ayuden a descargar la presión y a generar, mediante una reforma organizativa, espacios de tiempo protegido destinados a la investigación y a la formación de los profesionales. Desde la defensa de la medicina rural hasta la materialización de un actualizado programa MIR que contemple una formación adecuada y suficiente en el ámbito extrahospitalario, la presidenta de la SEMG lanza una llamada a la acción: no se trata de retener a los profesionales por obligación, sino de volver a hacer de la Medicina de Familia un destino deseado y desde el que se ofrezca una subespecialización útil y no fragmentada. Entrevista a Pilar Rodríguez Ledo, presidenta de SEMG. El inicio de año es un buen momento para hacer balance ¿Cuáles diría que han sido los mayores logros de la especialidad en el último ejercicio? El mayor logro ha sido, sin duda, mantenerse como el sustento fundamental del sistema sanitario español. A pesar de la excesiva carga burocrática, la falta de recursos humanos y económicos, y las carencias organizativas, la Medicina de Familia ha seguido siendo el nexo crítico que conecta el sistema con la población y los pacientes. Más allá de los avances tecnológicos, nuestra especialidad ha demostrado ser el pilar de un modelo que necesita una reforma urgente. Hemos garantizado la continuidad asistencial en un escenario de gran precariedad, reafirmando nuestro papel como pieza clave para la sostenibilidad de la sanidad pública. Respecto a esa "reforma urgente" que necesita el Sistema Nacional de Salud (SNS), ¿cree que ya se está empezando a ver el impacto del Plan de Acción de Atención Primaria y Comunitaria vigente hasta 2028? Todos esperamos que tenga ese impacto, porque es muy necesario y además ya vamos tarde. Ya era necesario hace mucho tiempo y ahora es ineludible. Será en marzo cuando tengamos los primeros indicadores y podamos ver si realmente ha tenido impacto. Para ello, los indicadores han de medirse de una forma homogénea. Por ejemplo, en relación a las plantillas, los indicadores tendrán que ser medidos en todas las comunidades autónomas, de forma que se descarte lo que son coberturas parciales, ausencias y otra serie de cosas que entran en la ecuación y que no nos están diciendo el tiempo real qué recursos humanos hay. Es posible que algunas medidas no estén implementadas, pero están en el cauce de poder estarlo y, si es así, nos alegraremos. Pero, sobre todo, ese análisis nos va a decir cómo se están midiendo las cosas y si es necesario, de algún modo, redirigir la forma de medirlas o la forma de aplicar los indicadores. Quedan pocas semanas para que se produzca ese primer 'examen' por parte del Ministerio de Sanidad, pero, ¿qué está percibiendo SEMG en relación al cumpliendo de dicha estrategia por parte de las comunidades autónomas? La verdad es que el cumplimiento es heterogéneo. Esta no es la España de dos velocidades, es la de las 17 velocidades y, además, incluso dentro de cada comunidad, cada área sanitaria tiene una velocidad diferente. Lo que percibimos es la necesidad de que esos indicadores se traduzcan en decisiones y cambios reales, no en cambios de papel, porque los documentos lo sustentan todo. El preámbulo de este nuevo plan indicaba que el anterior había cubierto el 80 por ciento de los indicadores, pero si eso fuera así estaríamos en otro punto que no estamos ahora, con lo cuál algo pasó con esos indicadores. Por eso soy pesada repitiendo que tenemos que ver realmente qué es lo que están midiendo y si todo el mundo está midiendo lo mismo. ¿Hay optimismo respecto a los resultados que se van a recolectar? Soy una persona optimista y creo que el cambio es imprescindible y que si no lo hacemos nos va a ir muy mal. Desde la SEMG, esperamos fervientemente que cada uno esté haciendo los deberes que tenga que hacer y que cada uno asuma sus responsabilidades porque si no, esto es insostenible y las repercusiones van a ser para nuestro sistema sanitario y para nuestra población. Y todos, además de profesionales, somos también parte de la población. ¿Qué mejoras ha conllevado hasta la fecha la integración del nuevo programa formativo de la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria? La primera de todas es que ha marcado un espacio de cambio necesario tras llevar desde 2005 sin modificarse; era difícil prestar servicio con un programa que no daba respuesta a nuestra realidad. Por ejemplo, no incluía la cronicidad, que es un elemento clave para tomar decisiones en nuestro sistema sanitario y en el funcionamiento, especialmente de la Atención Primaria a la hora de gestionar pacientes. El nuevo programa MIR entró en vigor en 2024 y estamos al final del segundo año de su implementación gradual de los tres que tenemos de plazo, aunque todos estos cambios los vamos a ver cuando consigamos las primeras promociones formadas íntegramente en este nuevo programa. La gran aportación es que el MIR de Medicina de Familia se forma en su ámbito, igual que el resto de especialidades. La que más tiempo está fuera de su ámbito de especialidad pasa 13 meses de un total de cinco años de formación. Nosotros no podíamos pasar el 50 por ciento del tiempo en el hospital si queremos formar a gente que sepa trabajar en el ámbito extrahospitalario. Curiosamente se nos había olvidado que el residente de Medicina de Familia lo que más tiene que aprender es a trabajar de médico de Familia y esto es una de las cosas que refuerza el nuevo programa. "No podíamos pasar el 50 por ciento del tiempo en el hospital si queremos formar a gente que sepa trabajar en el ámbito extrahospitalario" ¿Qué medidas presentan mayor complejidad a la hora de materializarse? Sin duda, todas aquellas que requieran tiempo protegido y recursos humanos son las que más problemas tienen en su implementación. Estamos hablando de que hay que incrementar la estancia de los residentes en Atención Primaria, pero si la residencia sigue siendo de cuatro años, lo que ponemos en un sitio lo quitamos de otro, porque el tiempo es limitado. Existe esa parte emocional de sensación de pérdida en sectores de especialidades hospitalarias; no es lo mismo aprender en el entorno hospitalario en 22 meses que en 13. Por eso hay que poner el foco en que el médico de Familia aprenda lo que necesita saber del entorno hospitalario para su propio desempeño. Con la elección MIR 2026 a la vuelta de la esquina, ¿qué impacto considera que va a tener la irrupción de la nueva especialidad de Urgencias y Emergencias? Lo que tenemos que hacer es proteger cada una de las especialidades que queremos defender, tanto la Medicina de Familia como la de los compañeros urgenciólogos. Debemos aprender a complementarnos, no a rivalizar; la situación es lo suficientemente difícil como para que sea una oportunidad para ambas. Además de que se regule legislativamente sin ambigüedad, somos las personas las que decidimos si rivalizar o complementarnos. La postura inteligente es aprovechar esta oportunidad para enriquecernos en una polivalencia que ambos ámbitos vamos a tener. Uno de los problemas que surgía en la tramitación de esa nueva especialidad MIR era el tema de las convalidaciones... Abogamos por una ley que no permita ambigüedades, pero de momento creo que está definida de forma ambigua. El médico de Familia, dentro de su pluripotencialidad, debe abarcar la urgencia extrahospitalaria y también la hospitalaria, donde a día de hoy la inmensa mayoría de los que desempeñan ese trabajo son estos especialistas. Creemos que debe haber una 'pasarela' hacia Urgencias, seguramente con más especialidades, no únicamente en exclusiva para la Medicina de Familia, aunque el 80 por ciento de los profesionales en Urgencias sean de esta rama. Una 'pasarela' que tiene que dar respuesta a sus necesidades. Todos aquellos que han estado desempeñando su trabajo en buenas condiciones y dando respuesta, lógicamente también deben tener una posibilidad de convalidar su titulación. Y aquellos otros que han entrado en la especialidad de Medicina de Familia queriendo enfocarse al ámbito de Urgencias antes de que apareciera esta especialidad nueva, pues también deben tener su salida. Como optimista que es, ¿espera que este año tampoco haya plazas desiertas en Medicina de Familia? La esperanza es lo último que se pierde, pero por sí sola no soluciona los problemas; hay que trabajar para que esto ocurra. Esta es una situación compleja que no se soluciona solo con las plazas ofertadas o bajando el punto de corte hasta cubrirlas, eso es un parche. La solución real es dotar a la especialidad del reconocimiento y recursos necesarios para que las futuras promociones no la vean como una especialidad donde te explotan, con cupos de 60 citados. También es fundamental que el estudiante conozca la Medicina de Familia desde el grado, contada por los propios especialistas. Esto no se ha conseguido en las universidades; hay pocos o ningún departamento exclusivo de Medicina de Familia. Si somos más de la mitad de los profesionales del sistema, lo lógico es que tengamos departamentos propios como cualquier otra especialida