
larioja.com · Feb 15, 2026 · Collected from GDELT
Published: 20260215T110000Z
Domingo, 15 de febrero 2026, 08:44 | Actualizado 10:49h. Comenta Cuando uno repasa la hemeroteca del año 2025, descubre con cierta sorpresa que en realidad no pasó nada. Hubo noticias –a cientos, a miles–, pero al menos en La Rioja el año discurrió como el Ebro en su tramo medio, pacientemente, sin grandes sobresaltos, buscando sin prisas una desembocadura todavía lejana. Hablamos, hay que aclararlo, del año político, sin contar por lo tanto granizos, temporales, incendios e incluso dos terribles homicidios con la huella (en un caso directa, en otro indirecta) de la violencia machista. Esta placidez riojana, rayana en el aburrimiento, choca con la agitación universal que estamos viviendo y casi adquiere la condición de hecho diferencial. Podemos resumir el año en varias frases expeditivas: ni llegaron más trenes ni vinieron las Glosas ni la crisis del vino se solucionó ni el Gobierno dejó de regar a los autónomos. Todo quedó emplazado para el año 2026 y, sobre todo, para el 2027, fecha electoral a la que nos dirigimos con escasos sobresaltos y muy menguada emoción. Si el Ejecutivo de Concha Andreu se distinguió por una continua sucesión de turbulencias, ceses y nombramientos, el de Capellán presume de una estabilidad geológica: no se movió de su sitio ni un ujier. Los consejeros son los mismos y las líneas de actuación son idénticas. Los partidarios alardearán de eficacia y los adversarios dirán que no hay banquillo ni ganas; así funciona la política. Donde sí hubo cambios fue en el PSOE, aunque en realidad todas las novedades habían germinado ya en el año 2024. La falta de candidatos alternativos convirtió en diciembre a Javier García en el nuevo secretario general de los socialistas riojanos. Ampliar El secretario general del PSOE,Javier García, el día del congreso regional De esta manera, el congreso regional se celebró en febrero de 2025 con más banderolas que suspense. Hubo aquel sábado dos imágenes que juntas tal vez pretendieran decir algo: García Page estuvo por la mañana y Pedro Sánchez por la tarde. También estaba sentado en primera fila Santos Cerdán, navarro de Milagro y secretario de Organización, cuando todavía era un socialista oscuro y funcionarial, más conocido por sus visitas en Ginebra a Puigdemont que por sus aventuras al filo de lo imposible con Koldo, Leire y otras luminarias. El presidente, en su discurso, no dijo gran cosa salvo prometer que esta iba a ser «la legislatura de las infraestructuras para La Rioja», una frase redonda que está envejeciendo regular. Agoncillo ofrecerá viajes a Barcelona, pero, de momento, no a Londres Durante el 2025, Javier García, enfocado en el trabajo interno, escogió un estilo de oposición propositivo y de buenas formas, aunque le tocó pedalear con el viento en contra: los muros de las mayorías absolutas son muy difíciles de escalar y para colmo la estrategia de Moncloa ha ido sembrando concienzudamente de minas las aspiraciones de los líderes regionales del partido. De esa misma Moncloa partió la propuesta de condonación de la deuda autonómica que protagonizó buena parte de los debates políticos en el año 2025. La génesis de la quita fue confusa e inquietante porque primero se pactó con Esquerra Republicana la cantidad exacta para Cataluña y luego, en un curioso ejercicio de matemáticas inversas –del resultado a la ecuación–, se ajustaron los criterios para ir repartiendo los millones por comunidad autonóma. En ese reparto, a La Rioja le correspondían 448 millones. Desde el PSOE se defendió la medida porque suponía un alivio para las finanzas de la comunidad autónoma, que así ganaría mayor capacidad de actuación. Desde el Gobierno regional se afeó la oscuridad del proceso y la cuantía que en principio le correspondería a La Rioja. «La medida beneficiará a todos los territorios al reducir su pasivo, liberará unos 6.700 millones del pago de intereses que podrán destinar a reforzar el Estado del Bienestar y les permitirá ganar autonomía financiera al facilitar su salida a los mercados», aseguraba el Ministerio de Hacienda. El congreso del PSOE en febrero abrió la etapa de Javier García «Para cada riojano significa 1.369 euros. Para un catalán, 2.200. Hablan de que en porcentaje sale ganando La Rioja, pero por haber hecho mejor los deberes y no verse endeudada se penaliza», replicaba el presidente Capellán. El Consejo de Ministros aprobó finalmente el anterproyecto de ley de quita de la deuda en septiembre y tres meses después, en diciembre, la remitió al Congreso para su aprobación (o no). La deuda autonómica no desaparece mágicamente, como a veces se da a entender, sino que la asume el Estado. Se cambia el moroso y se ofrece así un desahogo para las regiones, algunas muy endeudadas y con dificultades de acceso a los mercados, pero las cantidades siguen pendiendo sobre las espaldas de cada ciudadano. Que las aguas hayan bajado bastante calmadas desde Foncea hasta Alfaro no significa que La Rioja haya salido indemne de los huracanes mundiales que están barriendo el Atlántico, el Pacífico y casi todos los océanos, incluido el Ártico. Las ideas de Trump, enunciadas con esa retórica de matón de guardería, han tenido en un vilo a la industria riojana y especialmente a la del vino, que a su crisis estructural ha unido la amenaza de los aranceles en un mercado ya consolidado y de gran poder adquisitivo. Al final no hubo muerte, pero sí susto. El 7 de agosto entraron en vigor los aranceles del 15% para la mayoría de los productos de la Unión Europea, con el subsiguiente impacto en las exportaciones. Una piedra más en el camino de un sector –pulmón de la economía riojana– que no sale del agujero profundo en el que lleva años metido y que aguanta a duras penas gracias a la respiración artificial de la Administración. Vendimia en verde, ayudas a la destilación... Tiritas onerosas que no alcanzan a tapar, y mucho menos a cerrar, una herida sangrante. La estación de tren y el aeropuerto, emblemas del aislamiento riojano. 1 / Puede que las cosas vayan discurriendo en La Rioja con tranquilidad, casi melancólicamente, pero también hay problemas muy serios y de incierta solución. La región, empeñada en desafiar las leyes básicas de la geología, va acentuando su conversión en isla. La idea del Gobierno regional de olvidarse del AVE y pedir dos frencuencias de trenes más hacia Madrid por Calahorra ha caído por el momento en tierra yerma. Y no parece que, después de la tragedia de Adamuz, que ha desvelado la saturación y deficiente mantenimiento de la línea férrea Madrid-Barcelona, las cosas vayan a enderezarse. La novedad más reseñable en cuanto al tráfico ferroviario fue la puesta en funcionamiento del tren a Madrid por Miranda (y por Burgos, Valladolid y Segovia), que reabre una vía de comunicación hacia el Este de la península pero que como opción de viaje a la capital no parece muy prometedora, al irse por encima de las cuatro horas. Entre tanto, el Ministerio de Transportes comunicó una decisión sorprendente, descortés e inexplicada. En su análisis sobre los trayectos posibles para mejorar la vía entre Logroño y Miranda –y conectar allí con el AVE–, ni siquiera tomó en consideración la propuesta que había sido formulada por el Gobierno de Concha Andreu y apoyada por todos los grupos políticos y por los agentes sociales. La idea riojana –que pedía tirar una línea nueva de velocidad alta hacia Pancorbo por Castañares– no se recogía en absoluto en el estudio preliminar. Solo se analizaba muy por encima, y se rechazaba, una conexión por Pancorbo que nada tenía que ver con la propuesta consensuada en La Rioja. En su lugar, el departamento de Óscar Puente apostaba por tres variantes que, en mayor o menor medida, siguen el trazado actual, pegado al Ebro, a la AP-68 y a la A-12. A falta de trenes que echarse a la boca, la idea de impulsar el aeropuerto de Agoncillo con viajes a Londres y a otra capital europea fue anunciada, con toda solemnidad, en el Parlamento de La Rioja en marzo. Cuando se formalizó la propuesta, sin embargo, ninguna aerolínea se mostró interesada en firmar un contrato de casi 14 millones de euros. En 2026, el Reino Unido sigue estando igual de lejos. La reactivación del aeropuerto no quedó por completo en barbecho gracias a la segunda de las convocatorias ofertadas, que Vueling asumió para enlazar Agoncillo con Barcelona y, a partir de ahí, conectar con otros destinos nacionales e internacionales. El coste roza los 2,8 millones de euros y el servicio se prestará por dos años prorrogables. En el solitario y a ocasiones azaroso vuelo a Madrid también hubo novedades, al reemplazar Air Nostrum en octubre la aeronave que llevaba 19 años prestando el servicio por otra con mayor capacidad pero algo más lenta (el tiempo de viaje se alargó entre 15 y 20 minutos). En cuanto a las carreteras, tampoco fue necesario descorchar el cava. De nuevo 2026 es un año marcado en rojo: en noviembre quedará libre de peaje la AP-68 (aunque el País Vasco ya prepara la hucha para seguir cobrando) y para entonces ya debería estar en marcha la Ronda Sur, que permitirá efectuar con limpieza las entradas y salidas al entorno metropolitano de Logroño. La autovía a Burgos, cuyas obras comenzaron hace 25 años, seguía acumulando retrasos y ya estará cerca de batir algún récord mundial. Las máquinas asfaltadoras andaban por Grañón y el Ministerio de Transportes adjudicó en noviembre la «actualización» del proyecto entre Villamayor del Río y Villafranca Montes de Oca. El trazado origional de este tramo se aprobó hace diez años pero nadie ha movido aún una piedra de sitio. Llegados a este punto, quienes estén leyendo esta presentación tal vez se pregunten por las Glosas. De una manera un tanto extraña, trenes y manuscritos medievales han formado pareja esta legislatura, compartiendo titulares y páginas reividincativas. Se han convertido en dos maneras diferentes de gritar: «¡Eh, estamos aquí!» Con escaso éxito, al menos por el momento. El presidente Sánchez consideró «muy razonable» la petició