
elpais.com · Mar 1, 2026 · Collected from GDELT
Published: 20260301T053000Z
Brandon Judd (54 años, Arizona), el embajador de Estados Unidos en Chile nombrado por Donald Trump, aterrizó en noviembre de 2025 en el país sudamericano con un estilo deslenguado para los cánones diplomáticos habituales. En solo tres meses, la Cancillería del Gobierno de Gabriel Boric ha enviado dos notas de protesta a la Casa Blanca. La primera fue cuando Judd debutó en una rueda de prensa y, antes de recibir las credenciales oficiales, señaló que Boric “está dañando a los chilenos” por las críticas que ha hecho a la política ambiental de Trump. La segunda ha sido el 20 de febrero, en medio de las controversias por el cable chino de fibra óptica submarino, que propone unir la Región de Valparaíso con Hong Kong, y al que EE UU se opone por considerar que socava “la seguridad regional”. El Ejecutivo de izquierdas, que el 27 de enero aprobó y anuló en 48 horas la concesión, ha dejado en pausa el proyecto, traspasando su aprobación o rechazo a la Administración del republicano José Antonio Kast, que asume el 11 de marzo.El exagente de la Patrulla Fronteriza estadounidense (entre 1997 y 2023) y exdirigente sindical ha dicho que el presidente Trump lo envió a Chile a hacer crecer la economía y limitar el crimen. Su agenda está saturada de reuniones empresariales y ya acumula algunos encuentros con los responsables de la seguridad local. Un mensaje que ha reiterado en ruedas de prensa y entrevistas, es que espera con ansias la llegada de Kast a La Moneda, una Administración que todavía no comienza, pero con la que ya está trabajando.Con un estilo energético, ha liderado una maratónica agenda empresarial. En la casi veintena de encuentros que ha sostenido en distintas ciudades de Chile, como Antofagasta y Valparaíso, ha compartido con representantes de Uber, Google, y la estatal Codelco. También con la Sociedad Nacional de Agricultura, donde defendió la nueva política arancelaria, algo que el gremio agrícola rechaza por considerar que no respeta el Tratado de Libre Comercio firmado entre ambos países. Quienes se han reunido con Judd, aseguran que ven un tono y una forma que no se condice que con la relación histórica que ha tenido Chile con EE UU, pero que esperan que el cariño que dice tenerle al país sudamericano se traduzca en prosperidad.“Quise comenzar mi misión aquí”Cuando Trump ganó por segunda vez las elecciones presidenciales en noviembre de 2024, Judd le solicitó que lo nombrara embajador en Chile. El padre de seis hijos se había jubilado hace poco como agente y como presidente del Consejo Nacional de la Patrulla Fronteriza, un sindicato federal donde representó a unos 18.000 compañeros. Había trabajado bajo el sol inclemente de Arizona y la helada Montana y, a pesar de que estaba retirado con su esposa AnnaMarie en la pequeña ciudad de Pocatello, en el sureste de Idaho, tenía un tema pendiente con el país sudamericano. Como miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, había sido misionero mormón por dos años, en la década de los noventa, en el municipio de La Ligua, 150 kilómetros al norte de Santiago, y quería regresar. Aunque era la cuarta opción de Trump para el cargo, según contó en un encuentro con periodistas, el mandatario estadounidense finalmente lo designó. Judd lo había apoyado desde su primera incursión presidencial en 2016 y habían trabajado desde entonces “en el desarrollo e implementación de políticas de seguridad fronteriza”. Bajo su primera Administración, Trump aplicó la política de “tolerancia cero”, que acabó separando a más de 4.600 niños migrantes de sus padres. Dos días después de su llegada a Chile, el 12 de noviembre de 2025, Judd compartió un video en sus redes sociales, donde es muy activo: “Quise comenzar mi misión aquí, en La Ligua, porque es un lugar especial para mí”, decía en un español fluido. Esa misma semana se reunió con el canciller de Boric, Alberto Van Klaveren: abordaron el intercambio de información para hacer frente al crimen organizado, la inmigración irregular, y las oportunidades para intensificar la transferencia tecnológica y profundizar las inversiones estadounidenses. También participó de un primer encuentro con la Cámara Chilena Norteamericana de Comercio —desde entonces, se han visto otras cinco veces—, fue a la celebración por los 35 años de McDonald’s en Chile, y sostuvo una cita con los representantes de la minera norteamericana Albemarle, que opera en el salar de Atacama.El aterrizaje diplomático parecía seguir el guion tradicional, con un evidente enfoque en lo comercial, hasta que Judd convocó a una rueda de prensa, para presentarse, en la embajada el 20 de noviembre. Lo hizo tres días después de la elección presidencial, cuando Kast pasó a segunda vuelta con Jeannette Jara, comunista y candidata de las izquierdas. Su alocución derivó en la primera de las dos notas de protesta por parte de Chile. Además de señalar que se sentía “muy decepcionado” por las críticas de Boric en contra de Trump por su postura sobre el cambio climático, y que su retórica estaba “dañando a los chilenos”, aseguró que Washington trabajaría con cualquier mandatario que eligieran los chilenos en el desempate, aunque añadió: “Hay gobiernos que están ideológicamente en línea con nosotros y con ellos será más fácil trabajar”. Para van Klaveren, la declaraciones del nuevo embajador fueron “inapropiadas y desafortunadas”. Y agregó: “Representa una intervención en asuntos internos de nuestro país”.Ese episodio marcó un precedente en la tensa relación entre la embajada de EE UU y el Gobierno de Boric, y que solo se ha agudizado. A finales de diciembre, Judd sostuvo a El Mercurio de Antofagasta que desde que Trump fue electo, la Administración de izquierdas “ha cortado casi toda comunicación”. “Ahora mismo no trabajamos con este Gobierno”, dijo, aclarando que se refería al mandatario. Y en una entrevista a La Tercera la primera semana de febrero señaló estar “entusiasmado” con la llegada de Kast a La Moneda. “Estamos trabajando de forma muy fuerte con esa Administración y vamos a seguir trabajando con la actual”, apuntó.El punto de inflexión en la compleja relación —y el mayor protagonismo de Judd en la política nacional— ha sido por la crisis diplomática generada por el tendido submarino chino. El 20 de febrero, el Departamento de Estado acusó al Gobierno de Boric de socavar la seguridad regional, y revocó las visas a tres funcionarios ligados al proyecto, entre ellos el ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Juan Carlos Muñoz. El canciller chileno tildó la imputación de EE UU de “absolutamente falsa” y aseguró que la medida fue de carácter unilateral y que “vulnera la independencia y la soberanía” de Chile. Esa misma tarde del viernes 20, van Klaveren citó a Judd, y dijo que fue el embajador quien le explicó que la medida se aplicó a partir de una solicitud de autorización de dos empresas privadas chinas al ministerio de Transportes y Telecomunicaciones para el tendido del cable submarino, y que el Gobierno de Trump “estima que ese cable podría de alguna manera representar una amenaza a su seguridad”.Tres días después, Judd dio una rueda de prensa en la embajada. Allí destactó el otro cable submarino que sí está en curso en Chile, el Humboldt, en alianza entre el Gobierno de Boric y la norteamericana Google. Para el embajador, es “un ejemplo perfecto de un proyecto de infraestructura que no solo protege la soberanía, sino que la fortalece”.También defendió la revocación de tres visas y añadió antecedentes que el Gobierno de Boric no había comentado públicamente como que, semanas atrás, le había compartido información a varios funcionarios del Ejecutivo sobre hackeos en los sistemas de telecomunicaciones chilenos por parte “de actores malignos extranjeros” que no identificó. Judd, luego, se ganó una nueva crítica del canciller de Boric, pues en su declaración también dijo que le parecía “irrisorio” que las autoridades chilenas se mostraran soprendidas con la sanción de Estados Unidos por el cable. “Durante los últimos dos meses he tenido una gran cantidad de reuniones con ministros y funcionarios del Gobierno sobre este tema. Fui muy claro acerca de nuestra preocupación, y franco, acerca de las amenazas no solo a la seguridad chilena, sino a la seguridad de la región entera”.A partir del 11 de marzo, Judd empezará a relacionarse con la Administración de Kast. “El pueblo chileno votó masivamente por un cambio. Ellos votaron por seguridad y prosperidad. Esperamos con ansias trabajar con el nuevo Gobierno para proveer lo que exigió el pueblo chileno”, dijo el lunes.