
elperiodico.com · Feb 23, 2026 · Collected from GDELT
Published: 20260223T131500Z
Tú también lo habrás notado alguna vez: cuando el descanso se tuerce, todo el día parece ir cuesta arriba. No es una sensación aislada. En la edad adulta lo saludable es dormir entre siete y nueve horas, según autoridades sanitarias como el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de Estados Unidos.Aun así, dormir "lo suficiente" no siempre equivale a dormir "bien". Como constatan organismos como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EEUU, la calidad del sueño es fundamental: que sea reparador, relativamente continuo y en un entorno que lo favorezca (por ejemplo, en una habitación tranquila y fresca, y evitando pantallas justo antes de acostarte).En el terreno de la calidad del sueño entran en juego muchos factores: hábitos, horarios y, por supuesto, el modo en que llegas mentalmente al final del día. No es raro que, cuando el descanso falla, empiece a instalarse una especie de preocupación anticipada que acaba condicionando la noche.Cómo interpretamos lo que nos pasaEs justo ahí donde la psicóloga Nuria Roure pone el foco con una idea clara: "Una de las causas más frecuentes de dormir mal es el generar ansiedad durante el día". Según explica, a menudo creemos que esa ansiedad nace únicamente de lo que ocurre fuera: el trabajo, una relación complicada o un entorno exigente.Sin embargo, la experta en sueño apunta en otra dirección. "Realmente la ansiedad la vamos generando nosotros por lo que nos decimos, por cómo nos hablamos, por cómo interpretamos las cosas que nos pasan en el día a día", explica en un razonamiento que conecta con la filosofía de Séneca y otros estoicos.Roure añade que con el sueño puede ocurrir un mecanismo muy parecido: "Cuando empezamos a dormir mal ya estamos creando en nuestra mente una interpretación de nuestro sueño".Prejuicios al irse a la cama La psicóloga doctorada en medicina del sueño comenta que, en estos casos, tu mente construye un relato sobre lo que va a pasar por la noche. Entras en la cama con una interpretación ya escrita, como si el guion estuviera decidido antes de apagar la luz.En ese punto pueden surgir prejuicios negativos que lleguen a convertirse en profecías autocumplidas: "Seguro que hoy no duermo." "Seguro que me despierto durante la noche." "Seguro que cuando me despierte me va a volver a costar dormir." "Al día siguiente voy a estar muy mal." "Puedo llegar a enfermar." La consecuencia es que ese conjunto de malos pensamientos no se queda en una simple preocupación, sino que actúa como un lastre emocional. Y remata con la idea central del bucle: "Todo eso lo único que está generando en tu mente es ansiedad". Una agitación que, según la explicación de la psicóloga, no solo aparece por lo que sucede durante el día, sino también por la interpretación que haces del propio hecho de dormir (o no dormir).