
infobae.com · Feb 22, 2026 · Collected from GDELT
Published: 20260222T123000Z
El 4 de julio es el Día de la Independencia de Estados UnidosEste año EEUU celebra el aniversario 250 de su fundación, que se inicia el 4 de julio de 1776 con la Declaración de Independencia, pero a mi juicio, la nación que conocemos es la creación del proceso político que culmina el 17 de septiembre de 1787, cuando la Constitución es firmada por la Convención que tuvo lugar en Filadelfia. Posteriormente, fue ratificada el 21 de junio de 1788 y entró en vigor el 4 de marzo de 1789. Es todavía la constitución nacional escrita más antigua en vigor.Y hoy, cuando en EEUU sigue predominando la polarización y la división, útil es recordar cómo se creó esa nación.Si el 4 de julio es el día de la Independencia, es en el proceso originador de la constitución donde nosotros encontramos la respuesta a la pregunta de esta columna, de cómo se creó un país tan especial y diferente a lo entonces conocido. Es también la razón por la cual fue primero una república caracterizada por sus instituciones que una democracia, ya que en retrospectiva el pecado original de la esclavitud dificultó durante mucho tiempo que se le pudiera llamar así.Es por eso por lo que el 17 de septiembre se celebra el día de la Constitución y el Día de la Ciudadanía como parte de la semana de la Constitución. Es la vigencia de esta lo que explica la existencia de instituciones con el poder demostrado en estos días por la Corte Suprema con su fallo sobre los aranceles que apunta al corazón del programa económico de la administración Trump, ya que tiene un lugar especial relacionado con frenos y contrapesos, y que supera con mucho la separación de poderes clásica y las atribuciones que tienen las instituciones judiciales del mismo nombre a través del mundo.El 9 de septiembre de 1776, el segundo Congreso Continental adoptó un nuevo nombre por lo que a partir de entonces lo que se había llamado las “Colonias Unidas” adquirió hasta hoy el nombre de Estados Unidos de América. Por su parte, la Constitución es ley suprema desde el 4 de marzo de 1789, documento breve que permanece como tal con sus 7 artículos originales, un preámbulo de 52 palabras que se inicia con palabras nunca usadas antes en este tipo de instrumento jurídico, el clásico “Nosotros, el pueblo”.Estados Unidos fue primero una república caracterizada por sus instituciones que una democracia (REUTERS/ARCHIVO)Así se creó un país como EEUU, por lo que no fue con la Declaración de Independencia o el triunfo militar sobre el ejército más poderoso de aquel entonces, sino con esa Constitución todavía vigente.¿Fue una revolución hecha por no revolucionarios? Más aún, el proceso político estadounidense de 1776 a 1787 constituye una de las primeras revoluciones de la era moderna y una de las más exitosas. Toda revolución desata dramas, exilios, odios y persecuciones, también EEUU, que no fue ninguna excepción, pero es notoria la moderación de quienes la encabezaron. James Madison la explicaba por su confianza en las hoy casi olvidadas virtudes republicanas: “Así como la naturaleza humana tiene algo depravado que reclama cierta circunspección y desconfianza, también posee otras cualidades que justifican cierta estima y confianza. El gobierno republicano presupone que dichas cualidades prevalezcan sobre cualquier otra cosa”.Es indudable aquí la presencia implícita de la idea puritana de que una comunidad de individuos, aunque pecadores, pueda transformarse en comunidad de hombres buenos. Es una idea que es difícil entenderla hoy, pero que marcaba el Ethos y el Eidos de la generación de la Revolución, junto —a no olvidarlo— con el tema no resuelto de la esclavitud, un problema de carácter universal en el mundo de aquel entonces, algo que tampoco debe ser olvidado.Pero ¿podemos hablar de revolución cuando quienes la hicieron crearon un nuevo orden político, totalmente inédito, y murieron en sus camas después de haberse intercambiado pacíficamente las posiciones de mayor responsabilidad? La respuesta es afirmativa. Quizás su éxito estuvo en eso, en su escepticismo, en su falta de expectativas, en una modestia tal que no se habló de traición o de ilusiones rotas. No solo eso: con su “nosotros el pueblo”, décadas después, la suma de elecciones a todo nivel y el fin de la esclavitud, rescataron algo que se sumó al republicanismo de las instituciones para que renaciera un concepto que había desaparecido del mundo después de su florecimiento en la Grecia Clásica, sobre todo en Atenas, el de democracia.Gran logro histórico, pero curiosamente esa generación desconfiaba de ella, tanto que crearon una constitución con frenos y contrapesos que impidieron la tiranía ocasional de alguna mayoría. El proceso que fue desde la independencia a la constitución fue suficientemente bucólico y falto de conflicto interno, tanto que a la teoría política fuera de EEUU y con la salvedad de autores como Alexis de Tocqueville, casi no le interesó. Por ello, aún hoy es difícil ver a Franklin o a Washington como líderes revolucionarios.No se ajustan al estereotipo. Sin embargo, ello constituyó un gran logro de sus dirigentes, ya que, debido a sus orígenes de protección al pluralismo religioso, había gran difusión del milenarismo y del mesianismo en EEUU Fue, por lo tanto, una bendición que ese camino no se haya cruzado con el de la política y entre los redactores de la Constitución nadie planteó que la nueva república era un mandato de Dios para construir su reino en la tierra. Eran creyentes, dueños de esclavos algunos, hombres, sin presencia femenina como eran todas las instituciones equivalentes de esa era histórica, pero también, y eso fue su salvación, eran personas cultas, con gran conocimiento de la historia de Roma, lo que la hizo grande y lo que la hundió, lo que también se reflejaría posteriormente en la arquitectura de Washington como nueva ciudad capital.Una copia impresa de la primera edición oficial de la Constitución oficial de Estados Unidos adoptada por los delegados de la Convención Constitucional en Filadelfia en 1787 (Cortesía de Sotheby’s/Handout via REUTERS)Por ello, los constituyentes introdujeron cambios escasos, pero básicos a las instituciones políticas. No intentaron ninguno con los hábitos sociales. Si se reformaron las instituciones fue para hacerlas más receptivas a las personas comunes. Se tuvo la inteligencia suficiente como para entender que las libertades eran anteriores a la revolución independentista y nadie argumentó que habían sido creadas por ella, ya que la rebelión se había originado para exigir participación. El mensaje no provenía de la constitución misma, sino de la propia tradición político-religiosa que llevó a un grupo de familias a embarcarse en el Mayflower para huir de Inglaterra y cruzar el océano Atlántico.La búsqueda de una sola persona o autor clave para explicar la Constitución está condenada al fracaso, con fuentes intelectuales enraizadas en el pasado. Puede ser adecuadamente descrita como expresión exitosa del Siglo de las Luces, es decir, de la ilustración. Si hay algo que destacar, era el hecho específico que fue expresión de un humanismo cívico que provenía sobre todo de la cultura inglesa, desde el momento que no encontramos nada igual ni en la antigüedad clásica ni en el humanismo renacentista.La respuesta se encuentra en la tradición inglesa, ya que nada fue más importante para el constitucionalismo estadounidense de 1787 que la mayoría de los constituyentes habían sido criados como ingleses y, por lo tanto, compartían esa preocupación por la libertad y por las protecciones únicas que entonces brindaba la ley común inglesa. Es por ello, y por allí haber estudiado, que duele y molesta que hoy el Reino Unido esté voluntariamente abdicando de la defensa de esa historia y tradición que engrandece la idea de Occidente.A pesar de la Inglaterra de hoy, nada cambia lo comentado de EE. UU., aunque la Independencia y la Constitución surgieran en contra de un rey inglés. Fue en ese sentido que la esencia de la Revolución consistió en la conversión del nuevo país y su gente al republicanismo de las instituciones más que a la democracia. Aquellos líderes eran aristócratas liberales, y a diferencia de lo que se dijo posteriormente, no hay que dejarse confundir por el hecho de que como novedad histórica se votara para elegir representantes a todo nivel, la verdad es que, para los padres fundadores, la democracia tal como la entendemos hoy, era una palabra no bien vista. Puede parecer sorprendente porque hoy parecen sinónimos, pero no lo son. Para los creadores de EEUU, en la segunda domina la mayoría, pero se le temía a que esta se expresara como pasión popular. Para ellos, en la república predominaba la noción romana del interés público, lo cual puede (no quiere decir que debe) implicar control de lo popular.En otras palabras, si es necesario elegir, debe predominar la libertad como objetivo del republicanismo sobre la igualdad, meta de la democracia. Si predomina la primera, los representantes serán juzgados en forma moralista, aunque se permita en la sociedad lo que a ellos se impide o prohíbe, es solo que para ellos la vara siempre debe ser más elevada.La constitucion de Estados Unidos explica la existencia de instituciones con el poder demostrado en estos días por la Corte Suprema con su fallo sobre los aranceles que apunta al corazón del programa económico de la administración Trump (REUTERS/ARCHIVO)En más de dos siglos, EEUU ha buscado por diferentes vías fundir los principios republicanos con los democráticos, pero la tradición y las orientaciones de la primera generación apuntan más hacia los primeros que hacia los segundos, tiempo donde la Constitución ha permanecido incólume orientando al país en esta búsqueda, y si lo ha hecho por tan extenso tiempo, es por un doble motivo que ha garantizado su relevancia: primero, su brevedad, con la Corte Suprema como guardián más como Tribunal Constitucional que de derecho estricto, en todo, menos en el nombre, y segundo, cuán difícil es ref