
diariodeavisos.elespanol.com · Feb 21, 2026 · Collected from GDELT
Published: 20260221T031500Z
La realidad, a menudo, supera a la ficción. Lo sabemos. No es una entelequia, sino algo tan real como que tarde o temprano estiraremos la pata. Por eso, no sorprende que la lucha heroica que emprende el doctor Bernard Rieux (La Peste, Albert Camus) durante un año para combatir la epidemia de peste bubónica en la ciudad de Orán, sea algo insignificante si lo comparamos con las condiciones de trabajo que sufre el colectivo médico en España desde 2003 hasta la actualidad: 23 años de sumisión a un estatuto marco que obliga a quienes tengan menos de 55 años a realizar guardias de 24 horas sin apenas recuperación, lo que se traduce en una jornada semanal de 48 a 65 horas. El prestigio internacional que tiene la sanidad pública española está a punto de saltar por los aires si la situación no cambia. La paciencia médica ha colapsado. Eso de poner por delante la vocación o el juramento hipocrático a costa de la salud propia y de la mejor atención facultativa, ha llegado a su fin. Por primera vez, todos los sindicatos médicos han hecho causa común contra el nuevo Estatuto Marco del Ministerio de Sanidad. Ayer viernes concluyó la primera semana de huelga y todo apunta a que los paros, con sus respectivos servicios mínimos, se repetirán, según recoge el calendario de los sindicatos convocantes, del 16 al 20 de marzo, del 27 al 30 de abril, del 18 al 22 de mayo y del 15 al 19 de junio. Las reclamaciones exigen un estatuto propio y una mesa estatal de negociación específica, pues la clase médica solo tiene en los órganos decisorios una representación residual. Enfermería y resto de profesionales sanitarios con otra categoría son quienes llevan la voz cantante. Por ejemplo, organizan el trabajo en turnos y cobran las horas extras con cantidades superiores a la paga ordinaria por pluses de noche y festivo. En cambio, las horas extras de las guardias médicas de 24 horas se perciben por debajo de la paga ordinaria. Y lo que es peor, no computan para la jubilación. Lejos de posicionamientos ideológicos, la reivindicación se centra en regular un entorno laboral digno, sin privilegios, y que se iguale con el que ya tiene el resto de personas implicadas en el sistema sanitario. Mientras tanto, las consecuencias del maltrato retratan un régimen en donde crece el número de médicas y médicos jóvenes que se pasan a la privada, a la industria farmacéutica, emigran al extranjero o, simplemente, cuelgan la bata blanca. La generación milenial lo tiene claro y no está dispuesta a tragar abusos. Prioriza la responsabilidad social y el equilibrio personal. El objetivo de la conciliación familiar y de disfrutar de una medicina más saludable y próxima al paciente pesa lo suyo. Y en el ojo del huracán, la ministra de la cosa, Mónica García, que, por el momento no da su brazo a torcer. Y extraña. La anestesista hacía piña años atrás con sus colegas del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid. Hoy, en cambio, la perspectiva ha variado. Será el Síndrome de Hubris, trastorno que lleva consigo actuar con soberbia, creerse en posesión de la verdad, aparcar el pensamiento crítico y distanciarse de lo que acontece alrededor. Nada, por otra parte, ajeno, por desgracia, a las señorías que flirtean con el poder político. En el Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria medio centenar de especialistas se concentran frente al absurdo. “Queremos salvar vidas sin perder la nuestra”, afirma una pediatra harta de llorar de cansancio con más de cien horas de guardia mensuales a sus espaldas. ¿Alguna duda? A pocos metros, junto a camas calientes, el servicio mínimo hace lo que puede. Y más.