
diariodemallorca.es · Mar 1, 2026 · Collected from GDELT
Published: 20260301T073000Z
Exsecretario general de UGT en Balears. Ejerció como alcalde de Calvià entre 1983 y 1991. Ese mismo año fue elegido diputado del Parlament (1991-1995) con el PSOE, pero defiende que "siempre he sido sindicalista". Vivió el 23F como líder del sindicato en las islas.Empecemos por el 23F. ¿Cómo vivió aquel día?De una manera muy original, porque ese día teníamos la ejecutiva de UGT y yo, entre todas las reuniones que tenía, solía salir a dar una vuelta para situarme. Siempre hacía el mismo recorrido: Cort, Es Born, la Rambla y Olmos. Cuando subía por la plaza de los Patines, después de dar la vuelta, vi todas las luces apagadas del sindicato, que estaba justo enfrente de la plaza. Llegué a la puerta y estaba cerrada. En ese momento salió un militar, un oficial con dos soldados. Me dijeron que venían de parte de Bernat Vidal, que era militar de la UMD, y que venían a llevarme hacia el cuartel de Rambla para protegerme. Yo les pregunté qué había pasado. Me dijeron que había habido un golpe de Estado. Delante del sindicato había dos jeeps y en un rincón estaba gente de la ejecutiva. Me dijeron: "¿Te llevamos al cuartel?". Y yo respondí que no. Siempre he dicho que cuando oyes las balas es que ya han pasado. Me fui a reunirme con la ejecutiva en casa de un compañero para organizar los papeles. Después fui al Gobierno civil a ver qué estaba pasando. Le pedí qué estaba pasando en el país, que teníamos a la Guardia Civil delante de la sede. Me dijeron: "No te preocupes, ya han entrado los leales en el Congreso". Y al final nos fuimos todos en casa pendientes de lo que ocurría.¿Y cómo recuerda los días posteriores?Teniendo en cuenta que yo estaba acostumbrado a situaciones tensas, el día siguiente empezó con cierta normalidad, pero éramos conscientes de que aquello era un hecho histórico que cerraba el proceso constitucional que habían marcado desde EE.UU. Ese proceso estaba muy condicionado por el contexto internacional. Estábamos en un mundo dividido en bloques, el Este y el Oeste. Los americanos tenían miedo de que España quedara en la órbita del Este. Había presencia militar norteamericana, tenían la sexta flota americana en Palma. Yo conocía al almirante, y sabía perfectamente que España estaba bajo observación permanente.Usted vivió aquellos años como dirigente sindical. ¿Qué visión tiene de la Transición, ahora que se han desclasificado documentos del 23F?Yo la viví a través de tres líneas fundamentales. La de Santiago Carrillo, que era muy amigo mío y de vez en cuando iba a cenar o a comer con él. También a través de Solé Tura, uno de los padres de la Constitución, con quien era muy amigo, y desde la línea de la UGT. Era un momento de indefinición. No diré que todo fuera un montaje, pero sí que la entrada del Rey y todo aquello estuvo claramente condicionado por el momento de bloques. Se trataba de evitar que España quedara en el lado rojo. Adolfo Suárez ya había caído del burro y luego vinieron las elecciones del 82 que ganó Felipe González. Era un cambio, pero un cambio que ya habían hecho países como Austria, dentro de un marco muy marcado por el equilibrio internacional. España era un país en observación permanente por parte de los americanos y por los bloques del Este.Ha mencionado a Santiago Carrillo, uno de los protagonistas de aquellos años.En la distancia corta era extraordinario. Era una persona con una capacidad enorme de comprensión y de diálogo, y sabía perfectamente el papel que jugaba. A diferencia de la Pasionaria, a quien no te podías acercar porque te mordía. Recuerdo coincidir con él en alguna ocasión de manera casual, incluso en situaciones cotidianas. Siempre tenía una gran claridad sobre lo que se estaba haciendo y por qué. Era de los que apoyaron la Transición porque no quedaba más remedio. Era política de hechos. Mucha gente hace política de sueños, pero la política de hechos es mucho más concreta.Fue sindicalista ya en la etapa final del franquismo. ¿Qué diferencias ve entre aquella etapa y la que vino después?Yo empecé en los sindicatos en el 68-69, en pleno franquismo. Lo viví desde muy joven y también desde la familia, porque mis padres trabajaban toda la vida en el sector y eran sindicalistas. Yo lo viví como una continuidad natural. En aquella época había un diálogo permanente, una conciencia colectiva. Era una situación de comunidad. Después hubo cambios significativos. Se posicionaron claramente las izquierdas: los que estaban más en el Partido Comunista y en Comisiones, y los que éramos más socialistas, vinculados a la UGT. Pero siempre hubo un sentido colectivo fuerte. La pregunta y la respuesta eran permanentes. Se debatía todo. Era un momento de preguntas y respuestas permanentes.En los años 80 decidió entrar en política.Sí. En el 83 me propusieron presentarme para ser alcalde en Calvià porque no encontraban candidato. También hubo ofrecimientos para otros cargos, pero yo dije que me comprometía aquí. Fui alcalde de Calvià y después diputado en el Parlament. Pero siempre fui sindicalista. Siempre he dicho que era un sindicalista, y nunca dejé de trabajar. Yo no defendía ni defiendo en absoluto el sistema autonómico. La política municipal era muy importante y eso el PSOE lo había tenido siempre muy presente, pero con Felipe González todo cambio: llegaron las élites. Combiné la política con la empresa privada. Trabajé en hoteles, en distintas empresas, y nunca abandoné el mundo laboral real. En el 94 lo dejé todo y volví a la empresa en exclusiva. Más tarde fui director general de Trabajo y Empleo, participé en acuerdos nacionales y europeos relacionados con el Fondo Social Europeo, viajé a Bruselas, Madrid… Después me propusieron ser presidente del Consejo Económico y Social y estuve cinco años. Luego me fui a cooperar tres años a América y tres años a África. He dado la vuelta al mundo. El mundo para mí siempre ha sido parte de mi vida profesional.Después de todo ese recorrido, ¿salió desencantado de la política?Yo nunca fui hombre de aparato. Tenía amigos en política, pero no era de partido en el sentido interno. No me movía por estructuras. Si no estaba de acuerdo, lo decía. Y si no me gustaba algo, no lo compartía. No iba a reuniones de aparato ni me interesaban las luchas internas. Eso nunca fue lo mío.¿Cómo ve el Gobierno actual?Yo voté en su momento en las primarias a Eduardo Madina y luego a Susana Díaz, pero el sistema de elección no me gustaba demasiado. Creo que los gobiernos hacen lo que pueden y lo que les dejan. Porque a veces hablamos solo del poder político, pero sabemos quiénes son los poderes judiciales, poderes económicos y los poderes de las grandes empresas internacionales. Estamos en manos de cuatro locos y en una tensión internacional fuerte entre Rusia, China y Estados Unidos. He dado clases a funcionarios europeos y he participado en foros internacionales. El contexto global condiciona muchísimo lo que puede hacer cualquier gobierno.¿Y su relación con Felipe González?Con Felipe tuve diferencias claras. Nunca fue mi referente político directo. Había cosas que no compartía y no lo ocultaba. Cuanto más lejos, mejor. No soy una persona de partido. Soy una persona que viene del mundo de mi madre, del mundo trabajador.La afiliación sindical ha bajado mucho, sobre todo entre los jóvenes.El mundo del trabajo ha cambiado radicalmente. Antes hablábamos de grandes centros de trabajo, ahora hablamos de tecnología, algoritmos, inteligencia artificial. La pandemia fue el punto de inflexión. El modelo clásico de empresa ha cambiado. Además, hemos pasado de una sociedad comunitaria a una sociedad individualista. Antes uno era parte de una comunidad; ahora es individuo por encima de todo. Esa mentalidad choca con el sentido del sindicalismo, que es acción colectiva y estar reunido con la gente. Los jóvenes tienen menos estabilidad laboral. Y sin estabilidad es difícil generar compromiso sindical. Yo a los ocho años ya trabajaba. Somos hijos de otra generación.Usted creó el Imserso.Joaquín Almunia me dijo: pondremos 200 millones de pesetas. Y a partir de ahí empezamos. Surgió porque fuera de temporada había mucho desempleo. La idea era sencilla: si traemos turismo, mantenemos empleo y el Estado ahorra en prestaciones por desempleo. Cada tres meses revisábamos cuánto se ahorraba el Estado y cuánto ingresaba en cotizaciones. Funcionó. Se mantenían hoteles abiertos y se sostenía empleo. Después cambió el modelo y pasó más a manos de agencias privadas.¿Baleares ha ido a mejor o a peor?Ha cambiado, pero el rumbo no lo han marcado tanto las instituciones autonómicas como los grandes intereses económicos. Antes había mayor profesionalización en la hostelería. Un recepcionista o un cocinero tenían carrera profesional. Había estabilidad. Hoy el modelo es distinto. Se gana más en términos macroeconómicos, pero se pierde empleo en proporción y se pierde estabilidad. Lo vemos en grandes empresas tecnológicas: ganan más que nunca y, sin embargo, reducen puestos de trabajo. Amazon es un ejemplo claro: beneficios récord y despide a 6.000 personas.Baleares tiene trabajadores pobres: tienen empleo pero no pueden acceder a vivienda ni empezar un proyecto de vida.Antes había cooperativas de vivienda impulsadas desde los ayuntamientos con apoyo estatal. Se reservaba suelo para vivienda protegida. Ahora eso ha desaparecido y no hay vivienda pública. El problema de la vivienda depende en gran medida de los ayuntamientos y de cómo gestionen el suelo. Si no se planifica, no hay solución. Hay que decirles: os damos los terrenos, pero tenéis que construir estas viviendas. Si no lo hacéis, os pondremos unas sanciones impresionantes. En Calvià hubo gente que pasó de vivir en los sótanos a tener una casa.Desde la década de los ochenta se ha duplicado la población de Baleares, han venido muchos inmigrantes a trabajar.Claro. Venían a trabajar en construcción y hostelería. Venían de Albacete, de Murcia, de Andalucía. Yo iba a recibirlos al puerto y los llevábamos a la central para luego repartirlos por