
ellitoral.com · Mar 1, 2026 · Collected from GDELT
Published: 20260301T104500Z
Por: El lunes 1 de marzo de 1926, la tapa de El Litoral condensaba en 14 páginas un mundo en plena transformación: hazañas aéreas que despertaban fervor popular, tensiones diplomáticas en Europa, campañas electorales encendidas en la Argentina y tragedias que conmovían a la opinión pública.El héroe del aire en la nota central: Franco y el “Plus Ultra”La nota central estaba dedicada al regreso del hidroavión “Plus Ultra”, comandado por el aviador español Ramón Franco, tras la histórica travesía que había unido Palos de Moguer con Buenos Aires.Desde Montevideo se informaba que, “reinando tiempo tormentoso”, el aparato partió a las 13.35 horas uruguayas rumbo a la capital argentina. El despacho telegráfico relataba que “a las horas once de esta mañana, el comandante Franco llegó al lugar donde se encontraba el ‘Plus Ultra’ para ponerlo en condiciones de vuelo”.Pese a que “el tiempo nublado hacía presagiar una tormenta”, el aviador decidió despegar. Apenas lo hizo, “desencadenóse la tormenta”, alejándose el hidroavión “entre la lluvia”.Portada completa de la edición del 1 de marzo de 1916 de El Litoral.Ya en Buenos Aires, el aparato fue avistado a las 13.50 y Franco “acuatizó en el mismo sitio donde lo hizo la primera vez, al finalizar su raid aéreo Palos de Moguer-Buenos Aires”. La ciudad lo esperaba en el puerto, mientras las sociedades españolas organizaban “un gran mitin pro-reanudación del vuelo”.La cobertura también daba cuenta del clima festivo y polémico que rodeaba al aviador. Durante un lunch, Franco declaró: “No me explico cómo a cierta gente no le gusta una copa de buen vino”.Ante la insistencia de firmar un álbum de la Liga antialcohólica, respondió: “No lo firmo, porque soy español y España produce muy buenos vinos. Sería antipatriótico”, y terminó estampando un provocador “¡Viva el alcohol!”. La crónica añadía con desenfado: “Franco fuma mucho”.El regreso a España sería a bordo del acorazado “Buenos Aires”, gesto que el jefe del gobierno español, Miguel Primo de Rivera, elogió públicamente. En paralelo, desde Bahía Blanca se difundía la posibilidad de un raid inverso: aviadores argentinos prepararían una travesía hacia España, confirmando que la aviación era símbolo de modernidad y prestigio nacional.Europa: pactos, tensiones y el fantasma de la guerraBajo el subtítulo internacional, la política europea ocupaba un lugar central. En París, el canciller francés Aristide Briand defendía el acuerdo de Locarno en la Cámara de Diputados: “si Francia no lo hubiera firmado, se habría encontrado eventualmente frente a una alianza ruso-germana”. El tratado, afirmaba, “había sido impuesto por los acontecimientos”.En Viena se registraban demostraciones anti-italianas y protestas contra Benito Mussolini, mientras en Roma y París se negociaba un nuevo pacto italo-yugoeslavo para proteger fronteras. En Berlín, el presidente Paul von Hindenburg encabezaba ceremonias por el Día de los Caídos, en actos que la crónica describía como de “carácter de demostraciones militaristas monárquicas”.Benito Mussolini, otro nombre que repite en la centenaria edición de El Litoral.En Londres, el primer ministro Stanley Baldwin preparaba un discurso clave sobre los puestos permanentes en el Consejo de la Liga de las Naciones, mientras se especulaba con la postura británica frente al apoyo de Mussolini a Polonia.El clima internacional mostraba un continente que intentaba estabilizarse tras la Gran Guerra, pero donde los nacionalismos y los pactos estratégicos marcaban el pulso.América Latina y el “pleito del Pacífico”En el extremo sur del continente, el plebiscito por Tacna y Arica reavivaba tensiones entre Perú y Chile, con denuncias de “amenazas chilenas” y movimientos de delegaciones diplomáticas. La cuestión del Pacífico seguía abierta medio siglo después de la guerra.En Brasil, se celebraban elecciones presidenciales con una sola fórmula proclamada, encabezada por Washington Luís, lo que anticipaba una contienda sin oposición formal pero con preocupación por la abstención.Argentina: elecciones, giras y sucesos policialesEn el plano local, el país se preparaba para elegir 83 diputados nacionales. Más de 1.790.000 ciudadanos estaban habilitados para votar.Los comicios “serán reñidos en la Capital Federal”, auguraba el diario. No era solo una disputa entre radicales y conservadores: la pelea central estaba dentro del propio radicalismo, entre los yrigoyenistas y los antiyrigoyenistas (o personalistas y antipersonalistas).El presidente Marcelo T. de Alvear postergaba su regreso desde Mar del Plata, mientras el exmandatario Hipólito Yrigoyen anunciaba una gira por Rosario, Santa Fe, Rafaela y Córdoba, donde presenciaría “una grandiosa manifestación” en apoyo a los candidatos personalistas.La crónica policial también tenía espacio destacado: el “robo sacrílego” de la corona de una imagen de San José en Flores, valuada “entre ochenta y cien mil pesos”, y la muerte del aviador Carlos Ardohain tras incendiarse su aparato cerca de Tornquist. Desde Estados Unidos llegaba otra tragedia aérea: el paracaidista Jack Miller murió al no desplegarse su quinto paracaídas.Un mundo entre la épica y la incertidumbreLa portada del 1º de marzo de 1926 revela una época fascinada por la aviación, atravesada por disputas diplomáticas y vibrante en su vida política interna. El heroísmo de Franco y el “Plus Ultra” convivía con los ecos de Locarno, las marchas contra Mussolini, las elecciones argentinas y los duelos públicos.Hace cien años, el mundo que leían los santafesinos combinaba épica tecnológica, tensiones geopolíticas y pasiones partidarias. Y, como hoy, cada jornada parecía condensar la historia en movimiento.